Volver a Curso

Doctrina Bíblica 5 (2023)

0% Completado
0/0 Pasos
  1. PRESENTACIÓN

    Sílabo
  2. LECCIONES
    1) La obra del Espíritu Santo en el mundo y en relacion con Cristo.
    4 Temas
    |
    1 Cuestionario
  3. 2) La obra del Espíritu Santo en el creyente.
    4 Temas
    |
    1 Cuestionario
  4. 3) El Ministerio del Espíritu Santo.
    3 Temas
    |
    1 Cuestionario
  5. 4) El Fruto del Espíritu.
    4 Temas
    |
    1 Cuestionario
  6. 5) El Bautismo del Espíritu Santo.
    5 Temas
    |
    1 Cuestionario
  7. 6) Los Dones del Espíritu.
    5 Temas
    |
    1 Cuestionario

Cuestionarios

Progreso de Leccion
0% Completado

Es vital y de suma importancia para la vida espiritual y el ministerio que estas dos áreas de bendición espiritual sean plenamente entendidas en su relación una con la otra. No son iguales. No debe haber jamás alguna confusión entre ellas. Una no substituye la otra. Ninguno debe decir jamás, como algunos lo han dicho, “Yo creo en el amor, pero no en los dones del Espíritu.” El fruto tiene su lugar y los dones tienen su lugar. Ambos pertenecen a diferentes categorías de bendición espiritual.

Note las siguientes diferencias entre los dos: Los dones del Espíritu tienen que ver con la capacidad espiritual, lo que uno puede hacer en el servicio del Señor. El fruto del Espíritu tiene que ver con el carácter espiritual, lo que uno es en el Señor. Los dones son recibidos como resultado del bautismo con el Espíritu Santo. El fruto es el resultado del nuevo nacimiento y de permanecer en Cristo. Los dones son recibidos instantáneamente, mientras que el fruto se desarrolla gradualmente. Los dones, en sí mismos, no son el medio para juzgar la profundidad de la vida espiritual de una persona. Sin embargo, el fruto es el criterio básico del desarrollo de la vida y el carácter espiritual. Hay variedad de dones, pero hay sólo un fruto del Espíritu. Ampliemos estos pensamientos.

Los dones espirituales indican capacidades espirituales, mientras que el fruto denota el carácter espiritual. Hay muchos dones y talentos naturales con los que nacen las personas. Sin estas tendencias innatas ninguno podría realmente sobresalir en ningún campo (por ejemplo, arte y música). Jesús utilizó las parábolas de los “talentos” para indicar que a algunos hombres se les entregaba estos talentos para usarlos, y ellos eran responsables por éstos. Así que, en el ámbito espiritual, el Espíritu Santo, en su divina elección, confiere ciertas capacidades espirituales para ser usadas en el servicio espiritual. El fruto del Espíritu no tiene nada que ver con lo que una persona puede hacer en el servicio al Señor. Como lo observaremos, no tendrá demasiado que ver con qué ésta hace por el Señor, sino cómo lo hace.

La manifestación de los dones del Espíritu tiene que ver con el derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés. Ciertamente los apóstoles, y otros, recibieron habilidades que no fueron manifiestas antes de que fueran bautizados con el Espíritu Santo. Jesús indicó claramente que el fruto, del que Él había hablado en el capítulo quince de Juan, era el resultado de permanecer en Él, la vid.

Los dones del Espíritu son otorgados por el Espíritu Santo “repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (I Cor. 12:11). Estas habilidades divinas son aparentemente otorgadas virtualmente al instante. El otorgamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés fue “de repente.” “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablaran” (Hch. 2:4). En un instante no podían hablar en lenguas y al siguiente lo estaban haciendo. Hechos 19:6 lo confirma, porque leemos de los creyentes en Éfeso: “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.” El fruto, por otro parte es el resultado de un desarrollo lento y gradual. Debido a que el fruto sugiere rasgos de carácter, necesariamente involucra un período de desarrollo.

Existe entre muchos la tendencia de mirar con asombro a uno que tiene muchos dones del Espíritu como si esto indicara que éste es un individuo super espiritual. Es bueno darse cuenta que los dones no son, en sí mismos, la indicación de una vida espiritual profunda. Pablo dijo de la iglesia en corintio “nada les falta en ningún don” (I Cor. 1:7). De hecho, ellos eran reconocidos por el ejercicio de por lo menos algunos de los dones del Espíritu. Al mismo tiempo el apóstol los acusa de ser carnales y culpables de permitir muchas situaciones en medio de ellos que no eran evidencias de crecimiento espiritual.

El primer rey de Israel, Saúl, fue conocido por el don de profecía. Alrededor del tiempo de su unción como rey leemos: “… y el Espíritu de Dios vino sobre él con poder, profetizó entre ellos. Y aconteció que cuando todos los que le conocían antes vieron que profetizaba con los profetas, el pueblo decía el uno al otro: ¿Qué le ha sucedido al hijo de Cis? ¿Saúl también entre los profetas?” (I Sam. 10:10, 11). Más tarde en su reinado, después de que Saúl, había deshonrado al Señor y desobedecido su palabra, después de que Dios dijo que no escucharía más las oraciones de Saúl, y de que el Espíritu del Señor se apartó de él (I Sam. 16:14); Saúl se unió a un grupo de profetas y el Espíritu del Señor vino sobre él y él profetizó (I Sam. 19:23, 24). Ciertamente esto no indicó que Saúl fuera otra vez un hombre espiritual.

La medida del desarrollo del fruto del Espíritu en la vida de un individuo es, sin embargo, una verdadera indicación de la firmeza de su permanencia en Cristo. (Vea también Balaam, como ejemplo de uno con dones, pero poca vida espiritual [Nm. 22–27]).

Hay variedad de dones, pero un fruto del Espíritu. En I Corintios 12:8–10, Pablo nos da una lista de nueve diferentes dones del Espíritu. Otros pasajes tales como Romanos 12:6–8; Efesios 4:11; y I Pedro 4:10, 11; indican que puede haber muchos más.

Hay un sólo fruto del Espíritu, que es amor. No es bíblico hablar de “los frutos del Espíritu.” La lista de Gálatas 5:22, 23 son ocho características del fruto del Espíritu que es el amor. Todas las otras virtudes mencionadas no son más que facetas del amor. Cuando el Espíritu de Dios entra a la vida de uno, derrama su amor invariablemente en el corazón. En “Notas de mi Biblia”, por D.L. Moody, la caracterización de amor se halla en términos de estas otras virtudes:

  • Gozo es amor regocijándose.
  • Paz es amor reposando.
  • Paciencia es amor incansable.
  • Benignidad es amor perdurable.
  • Bondad es amor en acción.
  • Fe es amor en el campo de batalla.
  • Mansedumbre es amor bajo disciplina.
  • Templanza es amor en entrenamiento.

LA RELACIÓN ENTRE LOS DONES Y EL FRUTO DEL ESPÍRITU

Mientras que hay ciertas diferencias definidas entre los dones y el fruto del Espíritu, también hay una relación vital entre estos dos. No es casualidad que el capítulo trece de I Corintios éste justamente entre los capítulos doce y catorce. Los capítulos doce y catorce tratan con los dones del Espíritu, mientras que el capítulo trece sobre el amor, el fruto del Espíritu. Esto enfatiza la importancia de tener el fruto del Espíritu en relación con los dones. Pablo hace muy claro que los dones sin el fruto son impotentes y de poco uso. De hecho, va tan lejos hasta el punto de decir que son “nada.”

Si yo hablase lenguas humanas o angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los ministerios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy (I Cor. 13:1–2).

El amor es la esencia verdadera del fruto del Espíritu. Así que lo que Pablo está diciendo es que, aunque él tenga el don de hablar en otras lenguas, profecía, sabiduría, ciencia y fe, pero no tenga el fruto del Espíritu, estos dones significan absolutamente nada. El desarrollo de la naturaleza interior de un carácter semejante a Cristo debe respaldar el uso de cualquiera de los dones espirituales. Mientras Pablo está enfatizando el hecho negativo de que el don sin el fruto no tiene valor, uno debe reconocer la verdad positiva de que el ministerio de los dones del Espíritu, acompañado por el fruto del Espíritu es de gran poder y utilidad en la obra del Señor. El Espíritu Santo está tan interesado en el carácter como lo está en el poder. Todo siervo bautizado por el Espíritu necesita darse cuenta de la importancia de ambas bendiciones. (Este tema es discutido nuevamente en Sec. VI. Los dones del Espíritu, vea J. La relación entre los dones y el fruto del Espíritu).