B. EL PROPÓSITO Y LA NECESIDAD DEL BAUTISMO CON EL ESPÍRITU SANTO
- Poder para servir
El propósito principal del bautismo con el Espíritu Santo es capacitar al creyente para el servicio cristiano. La promesa más grande dada al cristiano, bien podría ser aquella dada por Jesús a sus discípulos justo antes de su ascensión: “Pero recibirán poder, cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo, y me serán testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8). El resultado característico de haber sido lleno con el Espíritu Santo es poder para servir.
Jesús fue ungido con el Espíritu Santo antes de comenzar su ministerio público, ejecutando sus obras poderosas por el poder del Espíritu. Jesús predicó y sanó bajo la unción del Espíritu Santo. “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos …” (Lc. 4:18).
Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él (Hch. 10:38).
Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios (Mt. 12:28).
Por grandes que fueran los hechos del Salvador, Él prometió que sus discípulos ejecutarían obras mayores por medio del poder del Espíritu a quien Él enviaría a ellos cuando regresara al Padre. “De cierto, de cierto les digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre” (Jn. 14:12). Es probable que Jesús se estuviera refiriendo a las obras de los discípulos siendo mayores en cantidad más que en calidad. Los discípulos fueron transformados en hombres diferentes después de que el Espíritu vino sobre ellos el día de Pentecostés.
En Juan 20:19 los discípulos estaban reunidos detrás de puertas cerradas “por miedo de los judíos.” Esos mismos hombres no se mantuvieron detrás de las puertas cerradas (Hch. 5:17–20); se hicieron tan valientes como leones ante las autoridades judías por el poder del Espíritu Santo. Escúchelos ante los gobernantes judíos: “Juzguen ustedes si es justo delante de Dios obedecerles a ustedes antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch. 4:19, 20). Note como oran:
“Y ahora, Señor mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra … y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hch. 4:29–31).
Esteban tenía poder: “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo … Pero no podían resistir su sabiduría y al Espíritu con que hablaba” (Hch. 6:8, 10).
Pablo predicó con poder: “Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder …” (I Cor. 2:4).
- Poder para las batallas espirituales
El creyente necesita la plenitud del poder del Espíritu Santo sobre su vida a causa de la naturaleza de la tarea que le ha sido dada. Es enviado para cumplir una tarea espiritual, imposible de cumplir sin habilidad espiritual. Además, está en oposición a grandes fuerzas del enemigo en el dominio espiritual, necesitando habilidad y poder espiritual para ser victorioso en su obra. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12).
Las armas espirituales son provistas: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo …” (II Cor. 10:3–5). No hay sustituto para el poder del Espíritu Santo. El que lo rehúsa o lo resiste es impotente “… Mayor es el que está en ustedes, que el que está en el mundo” (I Jn. 4:4).
- Poder “rebosante.”
El desafió de Jesús es, “… Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él, pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Jn. 7:37–39). Note en particular la palabra “correrán.” El poder debe “correr del interior hacia fuera” del creyente. No es suficiente que el Señor tenga el poder, el obrero lo debe tener también. Un “fluir hacia afuera” sólo puede ser un “rebosar.” Los siervos de Dios son más que canales vacíos. Son vasijas. El Señor está buscando aquellos a los que pueda llenar de tal manera que rebosarán. La única verdadera bendición que uno puede traer a otros es el rebosar de su propia experiencia con Dios. No es cuánto puede contener, sino cuánto puede rebosar.
Note la gran promesa de Efesios 3:20: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas (todo… todo lo que pedimos… todo lo que pedimos o entendemos… sobre todo lo que pedimos o entendemos… abundantemente sobre todo lo que pedimos o entendemos) las cosas mucho mas abundantemente de lo que pedimos o entendemos.” ¡Qué promesa! Pero observe: “según el poder que actúa en nosotros.” No es suficiente que Dios tenga todo este excesivo, abundante poder; el creyente mismo debe tenerlo antes de que pueda ser usado por Dios. Jesús dio a sus discípulos poder para sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios (Mt. 10:1). Era su poder, pero se lo otorgó a ellos. Los creyentes hoy en día, pueden tener el mismo poder mediante la plenitud del Espíritu Santo de Dios.
- Poder para ser hábil
El poder de lo alto es “habilidad” del cielo. Habilidad divina para hacer tareas divinas y llevar a cabo las comisiones dadas por Dios; habilidad de ser guiados divinamente a campos conocidos sólo por Dios; habilidad para responder a la providencia divina; habilidad para exaltar al Señor Jesucristo; habilidad de amar divinamente como amó Jesús; habilidad de predicar a Cristo con convicción y persuasión; habilidad de ejercer dones espirituales para la edificación de la iglesia; habilidad para sufrir persecución por la causa del Señor; habilidad para vivir una vida santa por encima de las sórdidas normas del mundo; habilidad para trabajar para Dios; amorosamente, voluntariamente, fielmente, e incansablemente; habilidad para trabajar hasta que venga Jesús, o hasta que seamos llamados de este mundo.
¿Para quiénes es el Bautismo con el Espíritu Santo?
Ha sido notado anteriormente que el bautismo con el Espíritu Santo fue un mandato de Jesús; fue una promesa del Padre y regalo del Padre e Hijo. Lo que es importante saber es a quiénes se aplica este mandato, esta promesa y don. Nadie responde a un mandato del cual no se está seguro de que se aplica a uno mismo, ni busca aquello de lo que no se está seguro esté disponible. Es importante que sepamos si el Señor ha escogido una clase especial de creyentes para esta experiencia extraordinaria, o si se aplica a un grupo más amplio de cristianos.
Negativamente:
1. No es para aquellos que vivieron en tiempos apostólicos.
Es sorprendente ver el número de cristianos que creen que el derramamiento pentecostal del Espíritu fue sólo para los que vivieron en ese tiempo, cristianos que creen que ellos necesitaban un investimiento sobrenatural de poder que, por alguna razón u otra, la iglesia no necesita hoy. Esta idea ciertamente no está de acuerdo con las palabras de Pedro en ese día del derramamiento: “Arrepiéntanse, y bautícense cada uno de ustedes … y recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa es para ustedes y para sus hijos, para todos los que están lejos, y para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios llame.” (Hch. 2:38, 39).
Es difícil conferir tal promesa a cualquier tipo de limitación de tiempo. Pedro se refirió a la generación presente de su día cuando dijo “Porque la promesa es para ustedes.” Incluyó específicamente a la siguiente generación con las palabras, “y para sus hijos.” Uno concluirá que estaba pensando en generaciones futuras cuando dijo, “para todos los que están lejos.” Algunos pueden limitar eso a centenares de años, pero es difícil creer que las siguientes palabras no signifiquen que es para todo cristiano en todos los tiempos: “y para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios llame.”
El bautismo con el Espíritu Santo es para la iglesia de Dios en todas las edades. Dios no hace distinción de tiempos dentro de la edad de la iglesia. No había necesidades, problemas o urgencias existentes en el tiempo de la iglesia primitiva de las que no podamos hablar hoy. En tanto siga en efecto la gran comisión ligándonos a la tarea de evangelización mundial, habrá provisión de poder para cumplirla.
2. No se limita a ministros, misioneros, y aquellos en servicio especial para el Señor.
Hay una verdad enfatizada en el Nuevo Testamento: la unidad del cuerpo de Cristo y la importancia de cada miembro en el cuerpo. El apóstol Pablo enseña que ningún miembro es de mayor importancia que otro.
Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de ustedes. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros (I Cor. 12:21–25).
Si esto es verdad, entonces todo cristiano es de igual importancia para el logro de la perfecta voluntad de Dios por medio de su iglesia. El cristiano más humilde que está caminando en el centro de la voluntad de Dios, es tan siervo del Señor como lo es el más famoso predicador de su día. Uno es llamado a un ministerio y otro a otro (Rom. 12:3–8). Dios está observando nuestra fidelidad dondequiera que nos haya puesto. A menudo es más difícil ser fiel en lo que parece ser un lugar pequeño que en aquel que parece más grande. Todo cristiano necesita el bautismo con el Espíritu Santo para ser capaz de cumplir su parte en el gran esquema de ministrar el evangelio a un mundo necesitado.
3. No es para una clase especial, privilegiada.
Pedro aprendió que la plenitud del Espíritu era para gentiles al igual que judíos (Hch. 10:34, 35, 44–48; 11:15–18). El Señor no ha hecho acepción de personas y no tiene favoritos. Todos son tratados por igual y los dones de Dios son gratuitos para todos por igual.
Uno no debe pensar que después de recibir el bautismo con el Espíritu es mejor que otros. Todos los dones de Dios son por gracia, y aquello que es recibido gratuitamente de ninguna manera contribuye a la glorificación personal del individuo. Toda la gloria pertenece a Él, el gran dador. El recibimiento de la plenitud del Espíritu nunca incrementa el prestigio de uno, más bien sirve para incrementar su responsabilidad. Si uno tiene gran poder, Dios tiene derecho a esperar un mayor servicio.
4. No es simplemente para cristianos maduros.
Existen varias opiniones acerca de que el bautismo con el Espíritu es sólo para aquellos que son profundamente maduros en su vida cristiana; que se debe esperar hasta adquirir tal posición antes de que pueda recibirse. El Señor bautizó a los creyentes samaritanos sólo algunos días después de su conversión (Hch. 8:14–17). Aquellos en la casa de Cornelio fueron llenos con el Espíritu casi inmediatamente después de creer la palabra que Pedro les estaba predicando. De hecho, parece que el mensaje fue interrumpido por el Espíritu Santo derramándose sobre ellos (Hch. 10:44–46).
El creyente más nuevo necesita y puede tener este don de Dios. Es poder para el servicio y se necesita tan pronto como uno se enlista bajo la bandera del Señor. Los cristianos fueron enseñados a esperar el bautismo con el Espíritu Santo inmediatamente después de la conversión y el bautismo en agua (Hch. 2:38).
Positivamente:
Para todos los que creen.
El bautismo con el Espíritu Santo es para todos, para todas las edades, para los que creen en Jesucristo como Salvador y Señor, hijos de Dios por medio de Él. Es la provisión normal y divina que capacita; está a disposición de todo creyente en toda nación, toda época, toda raza, y llamamiento.