El apóstol Pablo, escribiendo a la iglesia en Efeso declaró una verdad notable concerniente a los lĆderes espirituales en el cuerpo de Cristo:
Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: āSubiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombresā [Sal. 68:18]. ā¦Y Ć©l mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo (Ef. 4:7ā12).
La verdad es que los oficios (ministerios) en la iglesia deben ser vistos como dones de Cristo a su cuerpo. Por lo tanto, los hombres no pueden hacerse lĆderes, ni pueden ser hechos tales por el antojo de otros (Rom. 1:5; I Cor. 1:1; II Cor. 1:1; GĆ”l. 1:1, 16). La iglesia debe apartar, como lĆderes y ministros espirituales, a aquellos a quien Dios ha llamado y escogido (Hch. 13:1ā3). Cuando Cristo coloca a un hombre en el cuerpo de Cristo, primero lo dota con el don espiritual que corresponde a su ministerio.
Algunos maestros de la Biblia marcan una fuerte distinción entre los dones ministeriales y los carĆsmata, sosteniendo que los primeros son dones de Cristo, mientras que los carĆsmata son dones del EspĆritu (pneumĆ”tica). Se nota en la introducción de Pablo a los carĆsmata que todos los ministerios y capacidades divinas son dones del trino Dios: āAhora bien hay diversidad de dones, pero el EspĆritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el SeƱor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios que hace todas las cosas en todos, es el mismoā (I Cor. 12:4ā6). AdemĆ”s, Pablo mezcla oficios (ministerios) con sus imparticiones en su resumen de los carĆsmata: āY a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, despuĆ©s los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguasā (I Cor. 12:28). Se enumeran tres oficios (ministerios) juntamente con cinco dones espirituales. En Romanos 12, donde el apóstol enumera siete dones, Pablo mezcla dos dones (carĆsmata) con cinco clases de poseedores de dones. Todo suma a la conclusión de que a todos los hombres divinamente ordenados les es dado un don de capacitación, y todo don espiritual les equipa para algĆŗn tipo de ministerio.
Por supuesto, no todo ejercicio de un don hace a un lĆder sobre otros, como aquellos descritos en pasajes tales como Efesios 4:11; Hebreos 13:7, 17, 24; I Tesalonicenses 5:12; Hechos 20:28; I Pedro 5:14; o I Timoteo 5:17. Sean lĆderes o seguidores, hay dones espirituales que equipan divinamente a los santos para edificar el cuerpo de Cristo. La Biblia no hace una brecha tan ancha entre los lĆderes y creyentes en general, como los hombres tienden a hacer. No obstante, los oficios (ministerios) de las iglesias son un don divino, sin los cuales la iglesia no puede madurar, o ser adecuadamente dirigida y protegida de errores. Los oficios (ministerios) y sus provisiones son:
1. El apóstol.
Los apóstoles fueron los primeros lĆderes de la Iglesia, primeros en tiempo (Mt. 10:1ā2; Lc. 22:14, 15; Ef. 2:20); primeros en autoridad (Mr. 6:7; Hch. 1:21ā26); primeros en ministerio (Hch. 2:37; 6:1ā4); y primeros en las listas (Ef. 4:11; I Cor. 12:28). Los apóstoles fueron aquellos comisionados y enviados por JesĆŗs para iniciar y dirigir la predicación y enseƱanza del evangelio y, juntamente con El, fundar la iglesia (Ef. 2:20; Ap. 21:14).
El tĆtulo āapóstolā viene del griego apóstolos que significa āun mensajero, uno enviado con una comisión, un apóstol de Cristo.ā La idea bĆ”sica derivada de la palabra āapóstolā es aquella de un enviado como representante de otro y que deriva su autoridad del que lo envĆa. En el griego clĆ”sico, apóstolos tambiĆ©n significaba āuna flota de naves, una expedición.ā Del Ćŗltimo, el significado es extendido a āuno comisionado y enviado a otro paĆsā, como la descripción de āun misionero.ā El verbo apostello significa āenviar de, o fuera.ā
ĀæQuiĆ©nes son llamados en el Nuevo Testamento āapóstolesā? El primer grupo llamado āapóstolesā fue el de los doce discĆpulos de JesĆŗs (Mt. 10:2; Lc. 6:13), cuyo nĆŗmero fue reducido a once por la caĆda de Judas (Hch. 1:26). En adición a los doce, varios otros son llamados āapóstolesā, tales como BernabĆ© (Hch. 14:14), Silas y Timoteo (I Tes. 2:1, 6), Santiago (I Cor. 17:7), Pablo (Rom. 1:1), y probablemente Andrónico y Junias (Rom. 16:7). Los Ćŗltimos dos eran parientes de Pablo y son mencionados en II Corintios 8:23 como mensajeros (gr. apóstolos) de las iglesias. Epafrodito es llamado por Pablo el mensajero (apóstol) de la iglesia filipense (Fil. 2:25). Parece que el tĆ©rmino āapóstolā fue usado con cuatro significados diferentes:
- Los doce apóstoles de Jesús (Mt.10:2; 19:28; Lc. 22:14)
- Todos aquellos comisionados por JesĆŗs (70?) (120?). (Ver I Corintios 15:5, 7)
- Pablo como apóstol especial a los gentiles (GÔl. 2:7, 9)
- Ciertos asociados de Pablo en su ministerio a las naciones (Hch. 14:14; Rom. 16:7)
Diferentes niveles de apostolado parecen ser enunciados en I Corintios 15:4ā10:
⦠resucitó al tercer dĆa, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y despuĆ©s a los doce ⦠DespuĆ©s apareció a Jacobo; despuĆ©s a todos los apóstoles; y al Ćŗltimo de todos, como a un abortivo, me apareció a mĆ. Porque yo soy el mĆ”s pequeƱo de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguĆ a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado mĆ”s que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.
Una comparación entre los versĆculos cinco y siete mostrarĆ” que el apóstol hizo una clara distinción entre ālos doceā (Vs 5) y ātodos los apóstolesā (Vs 7). Grosheide comenta sobre el versĆculo siete: āHay entonces una analogĆa con el versĆculo cinco: allĆ fue Pedro primero y luego los doce, aquĆ Jacobo primero y luego un cĆrculo mĆ”s amplio de apóstolesā159
Finalmente, Pablo se refiere a sĆ mismo como el Ćŗltimo y el menor de todos los apóstoles. Si Pablo se consideró como āel Ćŗltimo de todosā los hombres que habĆan visto al SeƱor JesĆŗs (vea I Cor. 9:1), entonces no puede haber mas apóstoles en tiempos posteriores. El cĆrculo mayor de apóstoles probablemente incluĆa a los setenta a quienes JesĆŗs comisionó personalmente, o aĆŗn los ciento veinte que recibieron la plenitud del EspĆritu en el dĆa de PentecostĆ©s.
EstĆ” claro en pasajes tales como Hechos 1:22ā26 y Apocalipsis 21:14 que estos Ćŗltimos no eran considerados apóstoles en el mismo nivel con los doce. BernabĆ©, Silas, Andrónico y Junias bien pudieron haber estado entre los setenta (70) o los ciento veinte (120) que fueron testigos de la resurrección de JesĆŗs (Hch. 1:21, 22).
Pablo se clasifica en una tercera clase de apóstoles, āun abortivoā, uno a quien el SeƱor resucitado habĆa aparecido despuĆ©s de su ascensión. Ćl habĆa visto al SeƱor (I Cor. 9:1). Las seƱales de un apóstol habĆan aparecido en su ministerio (II Cor. 12:12). HabĆa recibido la diestra de la comunión de los apóstoles de JerusalĆ©n, y la autoridad de ellos para llevar el evangelio a los gentiles. La historia subsiguiente demostró el apostolado de Pablo, usado por el SeƱor al escribir mĆ”s libros del Nuevo Testamento que cualquier otro. Sin embargo, el hecho de que Pablo fue forzado a luchar fuertemente por su propio apostolado, muestra que la iglesia primitiva habĆa puesto cualidades extremadamente altas para el oficio (ministerio) del apostolado (I Cor. 9:1, II Cor. 12:11, 12).
Aquellos que clamaban falsamente el apostolado eran fuertemente condenados (II Cor. 11:13; Ap. 2:2). Los apóstoles son llamados el fundamento de la iglesia; una estructura puede tener sólo un fundamento (Ef. 2:20). Alrededor de Pablo en AntioquĆa se formó un cĆrculo de hombres tales como BernabĆ©, Silas, Timoteo, Tito y Epafrodito, que fueron llamados apóstoles en el sentido de que fueron comisionados por la iglesia en AntioquĆa como āmisionerosā (un significado de la palabra apóstolos). En este Ćŗltimo sentido, ha habido āapóstolesā en todas las edades de la iglesia, hombres con potentes dones del EspĆritu, hombres que mediante el poder del Cristo resucitado empujan las fronteras de la iglesia a los confines de la tierra. Si ellos no se han llamado āapóstolesā, igual han logrado las obras de apóstoles.
El tĆtulo āapóstolā pertenece mĆ”s bien a la primera generación de la iglesia; sin embargo, los dones espirituales necesarios para la obra apostólica seguirĆ”n siendo derramados en tanto haya gente que alcanzar sobre la faz de la tierra. JesĆŗs todavĆa estĆ” enviando a hombres comisionados con su autoridad sobre las potestades de las tinieblas, que tienen autoridad de atar y desatar, y que predican el evangelio con la unción de un profeta. Ellos trabajan entre nosotros hoy dĆa.
2. El profeta.
El profeta, enumerado por Pablo entre los dones ministeriales a la iglesia (Ef. 4:11), es segundo en importancia despuĆ©s de los apóstoles. El profeta no sólo ejerce el don de profecĆa, sino que ocupa un lugar de liderazgo junto con los apóstoles y maestros (Hch. 11:27; 13:1ā3; 15:32; Ef. 2:20; 3:5).
En la iglesia primitiva habĆa dos clasificaciones de profetas. Cualquier miembro del cuerpo general de creyentes que ministraba edificación, exhortación y consolación mediante el don de profecĆa era llamado profeta (I Cor. 14:24, 31). Otro grupo, formado de tales hombres como BernabĆ©, Silas, Judas, Agabo y otros mencionados en Hechos 13:1, eran lĆderes espirituales de la iglesia (Hch. 21:22). Pablo se refiere a esta clase de profetas en Efesios 4:11 cuando enumera dones ministeriales otorgados a la iglesia. Aquellos del Ćŗltimo grupo, aunque ejercĆan el mismo don de profecĆa, poseĆan un cĆ”risma de liderazgo adicional para dirigir el cuerpo general de creyentes.
ĀæCómo operaba el don de profecĆa en y a travĆ©s de aquellos que lo ejercĆan?
2.1. El profeta habla como el agente de Dios.
El profeta habla lo que Dios quiere que Ć©l hable. Pedro define la función de profeta de la siguiente manera: āCada uno segĆŗn el don [cĆ”risma] que ha recibido, minĆstrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da ā¦ā (I P. 4:10, 11). En todo ministerio dotado existe un elemento sobrenatural.
2.2. El profeta puede dar un mensaje de improvisto.
A menudo el contenido del mensaje del profeta es dado de improviso en el momento de hablar. Sin embargo, el mensaje puede haberse dado de antemano durante oración o meditación. Muchos de los profetas del Antiguo Testamento recibĆan el contenido de su mensaje en un sueƱo, una visión, o durante oración, para ser entregado al pueblo en una fecha posterior (Is. 6:9ā13).
2.3. El profeta puede usar escrituras.
Algunas veces, el contenido del mensaje puede consistir de información bien conocida por el profeta como verdad escritural o historia bĆblica. Pedro en el dĆa de PentecostĆ©s (Hch. 2:14ā37) y Esteban ante el concilio (Hch. 7), dieron mensajes profĆ©ticos que estaban llenos de citas del Antiguo Testamento. EstĆ” claro por las narraciones en Hechos que ambos hablaron en el poder del EspĆritu. La palabra usada para describir la declaración de Pedro en Hechos 2:14 apophthĆ©ngomai, es la misma usada en la clĆ”usula āy comenzaron a hablar en otras lenguasā (Hch. 2:4), un tĆ©rmino usado para expresar el habla de profetas, adivinadores y de los orĆ”culos.
Esteban concluyó su mensaje con una visión de Cristo āque estĆ” a la diestra de Diosā (Hch. 7:56). Parece segĆŗn esto, que un profeta puede emplear la escritura en sus mensajes, caso en el cual el EspĆritu Santo lo dirige a la selección del material y a su aplicación en situaciones especĆficas. Un profeta puede ser movido fuertemente por el EspĆritu para presentar cierto pasaje bĆblico, en cuya instancia el EspĆritu tambiĆ©n provee un valor y poder especial en la comunicación āY todos fueron llenos del EspĆritu Santo y hablaban con denuedo [parresĆa] la palabra de Diosā (Hch. 4:29ā31); āOrando en todo tiempo con toda oración y sĆŗplica en el EspĆritu ⦠por mĆ, a fin de que ⦠con denuedo [parresĆa] hable de Ć©l, como debo hablarā (Ef. 6:18ā20).
No toda la predicación es profecĆa, pero muchas predicaciones se hacen profĆ©ticas cuando una gran verdad o aplicación no premeditada es provista por el EspĆritu, o donde una revelación especial es dada de antemano en oración y de una manera poderosa en su entrega. Cuando uno habla en lenguas, la mente estĆ” inactiva (I Cor. 14:14); pero cuando uno profetiza, el EspĆritu opera a travĆ©s de la mente para suplir un mensaje: āPero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseƱar tambiĆ©n a otros, que diez mil palabras en lengua desconocidaā (I Cor. 14:9). AquĆ el apóstol no estĆ” comparando una declaración dotada con una no dotada; estĆ” comparando lenguas con profecĆa; porque todo el capĆtulo catorce de I Corintios estĆ” escrito para comparar las lenguas interpretadas con la profecĆa.
2.4. El profeta revela el plan de salvación.
Antes que fuera escrito el Nuevo Testamento, muchos de los profetas apostólicos eran usados por el EspĆritu para revelar el plan de salvación. Esto era asĆ porque esto sólo estaba vagamente prefigurado en la tipologĆa del Antiguo Testamento (Ef. 2:20). Esta revelación profĆ©tica luego fue incorporada en las epĆstolas ā⦠leyendo lo cual pueden entender cuĆ”l sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el EspĆritu ā¦ā (Ef. 3:4, 5).
2.5. El profeta puede predecir el futuro.
Mientras que la profecĆa es mĆ”s ādeclararā que āpredecirā, a veces puede involucrar una predicción del futuro. En el libro de Hechos hay dos profecĆas de Agabo (Hch. 11:27, 28; Hch. 21:10ā14). La primera relativa al hambre amenazante en Judea; la segunda concerniente a la pronta venida del encarcelamiento de Pablo en JerusalĆ©n. Ambas profecĆas fueron cumplidas. Notamos, respecto a la segunda profecĆa de Agabo en Hch. 21:11, que Pablo no cambió sus planes como resultado de la profecĆa, aĆŗn ante el ruego de sus amigos. Esto enseƱa que la profecĆa puede ser entregada para revelar o confirmar un hecho venidero, pero no para proveer guĆa personal. Pablo respetó la profecĆa de Agabo la cual revelaba sólo lo que Pablo ya sabĆa (Hch. 20:22, 23), pero siguió su propio entendimiento de la voluntad de Dios para su futuro. Dios puede revelar el futuro, pero nosotros no debemos acudir āal profeta para interrogarā respecto el futuro. Aquellos que caminan por la fe viven un dĆa a la vez, dejando el futuro desconocido a Dios.
2.6. El profeta habla lo que el EspĆritu revela.
A menudo se pregunta si las declaraciones profĆ©ticas deberĆan ser puestas en primera persona (āYo, el SeƱorā), o en tercera persona (āAsĆ dice el SeƱorā o āEl SeƱor diceā). Cuando uno ejerce un don vocal, habla como el EspĆritu suple los pensamientos; el EspĆritu revela, el profeta habla. Dios no habla, sino que revela al profeta lo que Ćl quiere que se diga. Pablo dijo: āAsimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demĆ”s juzguenā (I Cor. 14:29). Ya que los mensajes de los profetas estĆ”n sujetos a ser juzgados (discernidos), parece mĆ”s consistente con la humildad del profeta, hablar en tercera persona como hizo Agabo en Hechos 21:11. Pablo declaró que las cosas que Ć©l escribió en I Corintios capĆtulo catorce eran los mandamientos del SeƱor (I Cor. 14:37); sin embargo, expresó sus preceptos en tercera persona. Myer Pearlman dice al respecto: āMuchos obreros con experiencia, creen que las interpretaciones y los mensajes profĆ©ticos deben ser dados en tercera persona.ā
Lucas declara, concerniente a los que fueron llenos del EspĆritu en el dĆa de PentecostĆ©s: āY comenzaron a hablar en otras lenguas, segĆŗn el EspĆritu les daba que hablasenā (Hch. 2:4). Dios no habló en lenguas, los creyentes hablaron al ser capacitados por el EspĆritu. Dios no habla normalmente a travĆ©s de hombres como si Ć©stos fueran megĆ”fonos pasivos. Ćl revela a los profetas su voluntad, capacitĆ”ndoles para hablar lo que Ćl suple. A menudo Dios hablaba directamente al profeta; pero cuando el profeta entregaba el mensaje al pueblo, decĆa āAsĆ ha dicho el SeƱorā o algo equivalente. Hoy en dĆa muchos opinan que la declaración profĆ©tica es mejor fraseada en el idioma contemporĆ”neo, antes que en palabras arcaicas, excepto donde pueda ser incorporada la escritura en sĆ.
3. El evangelista.
āEvangelistaā viene de la palabra griega euagelistĆ©s, definida como āel que proclama buenas noticias.ā Un evangelista es entonces uno que se dedica enteramente a āproclamar (predicar) el evangelioā, especialmente el mensaje de salvación. El tĆ©rmino evangelista se usa sólo tres veces en el Nuevo Testamento (Hch. 21:8; Ef. 4:11; II Ti. 4:5). No obstante, Pablo enumera al evangelista como uno de los dones ministeriales de la iglesia (Ef. 4:11). Solamente Felipe es llamado especĆficamente un āevangelistaā (Hch. 21:8); pero trabajadores tales como Timoteo (II Ti. 4:5), Lucas (II Cor. 8:18), Clemente (Fil. 4:3) y Epafras (Col. 1:7; 4:12) pueden haber funcionado como evangelistas.
Las palabras de Pablo a Timoteo sugieren que su verdadero llamado era de evangelista: āQue prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redargüye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina ⦠Pero tĆŗ sĆ© sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerioā (II Ti. 4:2, 5; vea tambiĆ©n I Ti. 1:18; 4:14). Pablo, anónimamente describe a un evangelista, (la mayorĆa de los eruditos lo identifican como Lucas): āY enviamos juntamente con Ć©l al hermano cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias.ā (II Cor. 8:18).
El cuadro mĆ”s claro de un evangelista se halla en Hechos capĆtulo ocho, que describe el ministerio de Felipe, quien es especĆficamente llamado un evangelistaā (Hch. 21:8). Las siguientes caracterĆsticas del ministerio de Felipe forman un modelo de evangelismo del Nuevo Testamento:
- Felipe predicaba la palabra de Dios, declarando especĆficamente el centro del evangelio, que es Cristo el Salvador. āLes predicaba a Cristoā (8:4, 5, 35).
- Hubo muchos que creyeron y fueron bautizados (8:6, 12).
- Milagros de sanidad siguieron a su predicación y muchos fueron librados de espĆritus demonĆacos (8:6, 7). Los milagros de sanidad dieron mayor efectividad al ministerio de Felipe (8:6, 8).
- Felipe estaba listo para testificar de Cristo como Salvador, tanto en ciudades enteras, como a un solo individuo. Dejando Samaria, fue dirigido al carruaje del tesorero de EtiopĆa (8:26), a quien llevó a Cristo (8:35ā38). El verdadero ganador de almas tiene una pasión por las almas que lo hace adaptable al evangelismo en masa y al evangelismo personal.
- El ministerio evangelĆstico de Felipe lo llevó de ciudad en ciudad (8:40).
El cuadro del evangelista del Nuevo Testamento y de la época post-apostólica, era el de uno predicando el mensaje evangélico de salvación de iglesia en iglesia y de ciudad en ciudad. Eusebio, el gran historiador de la iglesia del siglo cuarto describe al evangelista:
Y ellos esparcĆan las semillas salvadoras del reino de los cielos, tanto lejos como cerca, y a travĆ©s del mundo entero ⦠Luego comenzaron largos viajes, ejecutaban el oficio (ministerio) de evangelistas, llenos del deseo de predicar a Cristo, a los que todavĆa no habĆan oĆdo la palabra de fe.161
4. El pastor-maestro.
En la estructura gramatical de Efesios 4:11, el tĆ©rmino āmaestroā no tiene un artĆculo definido como lo tienen todos los tĆ©rminos precedentes. Entonces, āmaestroā se une con āpastor.ā Esto no significa que los tĆ©rminos sean intercambiables. Pueden haber maestros que no son pastores, pero no puede haber pastores que no sean maestros (Hch. 20:28ā30). En iglesias donde habĆa varios ancianos, algunos pueden haber tenido el ministerio de liderazgo no siendo maestros (Tit. 5:17). Pero el verdadero pastor era un maestro: āMayormente los que trabajan en predicar y enseƱarā (I Ti. 5:17b). Una de las cualidades necesarias para un obispo (pastor, anciano) era que fuera āapto para enseƱarā (Tit. 3:2; II Ti. 2:24). Un verdadero pastor, entonces, tendrĆ” el carisma para enseƱar (Rom. 12:7; I Cor. 12:28).
La palabra āpastorā (gr. poimĆ©n), usada para referirse al lĆder de una iglesia local, se halla sólo una vez en el Nuevo Testamento (Ef. 4:11). Sin embargo, la figura de la iglesia como un ārebaƱoā (gr. poimĆ©n), y de la obra del lĆder espiritual de la iglesia como āpastorear el rebaƱo de Diosā (gr., poimaino), se halla varias veces (Jn. 21:15ā17; Hch. 20:28; I P. 5:14).
El concepto de Israel como el rebaƱo de Dios y de JehovĆ” como su pastor es comĆŗn en el Antiguo Testamento (Sal. 23:4; Sal. 80:1, 2; Is. 40:11; Jer. 23:4; 25:34ā38; Ez. 34; Zac. 11). En el Nuevo Testamento, JesĆŗs usa la figura del pastor y las ovejas en Juan capĆtulo diez, donde se llama a sĆ mismo el āBuen Pastor.ā AdemĆ”s del tĆtulo āBuen Pastorā, JesĆŗs tambiĆ©n es llamado el āGran Pastorā (Heb. 13:20), el āPrĆncipe de los Pastoresā (I P. 5:4), y el āPastor Dócilā (Is. 40:11). Los pastores de las iglesias son pastores ādelegadosā, que sirven bajo āel PrĆncipe de los Pastores.ā
El hecho de que la enseƱanza es el objetivo principal de la gran comisión como fue expresado por Mateo (Mt. 28:19, 20) muestra la importancia del ministerio docente. El libro de Hechos refuerza esta observación: āY todos los dĆas, en el templo y por las casas, no cesaban de enseƱar y predicar a Jesucristo ā (Hch. 5:42; vea Hch. 11:26; 13:1; 15:35; 20:20; 28:31; I Cor. 4:17; Col. 3:16; II Ti. 2:2).
Debido a la importancia de la enseƱanza, no es sorprendente que uno de los dones especiales del EspĆritu Santo es la capacitación para enseƱar. El profeta inspiraba, exhortaba, consolaba y motivaba a la iglesia; el maestro instruĆa a la iglesia en sana doctrina, guardando al rebaƱo de falsos maestros y sus enseƱanzas destructivas. La iglesia en AntioquĆa disfrutaba de un ministerio balanceado por profetas y maestros que administraban la exhortación, el evangelismo y la enseƱanza ungida. Algunos han concluido que el carisma de una āpalabra de sabidurĆaā era el don de profeta, y que la operación de la āpalabra de cienciaā era el don del maestro.
El apóstol Juan se refiere a la unción disfrutada por verdaderos maestros al decir: āPero ustedes tienen la unción del Santo, y conocen todas las cosasā (Jn. 2:20; vea tambiĆ©n I Jn. 2:27). Hay la tendencia de pensar que el profeta habla sobrenaturalmente, y que el maestro imparte los hallazgos de una escuela meramente natural. La diferencia no es entre lo sobrenatural y lo natural; la diferencia entre los dos es una diferencia en la manera por la cual el EspĆritu Santo opera en los dos dones ministeriales. La unción sobre el profeta es mĆ”s repentina e imprevista, con la meta de motivación. La unción sobre el maestro es mĆ”s medida, operando para iluminar la palabra de verdad y dar habilidad para comunicar correctamente. Para cada ministerio en el cuerpo de Cristo hay un carisma espiritual.