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Doctrina BĆ­blica 5 (2023)

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  1. PRESENTACIƓN

    SĆ­labo
  2. LECCIONES
    1) La obra del EspĆ­ritu Santo en el mundo y en relacion con Cristo.
    4 Temas
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    1 Cuestionario
  3. 2) La obra del EspĆ­ritu Santo en el creyente.
    4 Temas
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    1 Cuestionario
  4. 3) El Ministerio del EspĆ­ritu Santo.
    3 Temas
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    1 Cuestionario
  5. 4) El Fruto del EspĆ­ritu.
    4 Temas
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    1 Cuestionario
  6. 5) El Bautismo del EspĆ­ritu Santo.
    5 Temas
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    1 Cuestionario
  7. 6) Los Dones del EspĆ­ritu.
    5 Temas
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    1 Cuestionario

Cuestionarios

Progreso de Leccion
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El apóstol Pablo, escribiendo a la iglesia en Efeso declaró una verdad notable concerniente a los líderes espirituales en el cuerpo de Cristo:

Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: ā€œSubiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombresā€ [Sal. 68:18]. …Y Ć©l mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo (Ef. 4:7–12).

La verdad es que los oficios (ministerios) en la iglesia deben ser vistos como dones de Cristo a su cuerpo. Por lo tanto, los hombres no pueden hacerse lĆ­deres, ni pueden ser hechos tales por el antojo de otros (Rom. 1:5; I Cor. 1:1; II Cor. 1:1; GĆ”l. 1:1, 16). La iglesia debe apartar, como lĆ­deres y ministros espirituales, a aquellos a quien Dios ha llamado y escogido (Hch. 13:1–3). Cuando Cristo coloca a un hombre en el cuerpo de Cristo, primero lo dota con el don espiritual que corresponde a su ministerio.

Algunos maestros de la Biblia marcan una fuerte distinción entre los dones ministeriales y los carĆ­smata, sosteniendo que los primeros son dones de Cristo, mientras que los carĆ­smata son dones del EspĆ­ritu (pneumĆ”tica). Se nota en la introducción de Pablo a los carĆ­smata que todos los ministerios y capacidades divinas son dones del trino Dios: ā€œAhora bien hay diversidad de dones, pero el EspĆ­ritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el SeƱor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios que hace todas las cosas en todos, es el mismoā€ (I Cor. 12:4–6). AdemĆ”s, Pablo mezcla oficios (ministerios) con sus imparticiones en su resumen de los carĆ­smata: ā€œY a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, despuĆ©s los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguasā€ (I Cor. 12:28). Se enumeran tres oficios (ministerios) juntamente con cinco dones espirituales. En Romanos 12, donde el apóstol enumera siete dones, Pablo mezcla dos dones (carĆ­smata) con cinco clases de poseedores de dones. Todo suma a la conclusión de que a todos los hombres divinamente ordenados les es dado un don de capacitación, y todo don espiritual les equipa para algĆŗn tipo de ministerio.

Por supuesto, no todo ejercicio de un don hace a un lĆ­der sobre otros, como aquellos descritos en pasajes tales como Efesios 4:11; Hebreos 13:7, 17, 24; I Tesalonicenses 5:12; Hechos 20:28; I Pedro 5:14; o I Timoteo 5:17. Sean lĆ­deres o seguidores, hay dones espirituales que equipan divinamente a los santos para edificar el cuerpo de Cristo. La Biblia no hace una brecha tan ancha entre los lĆ­deres y creyentes en general, como los hombres tienden a hacer. No obstante, los oficios (ministerios) de las iglesias son un don divino, sin los cuales la iglesia no puede madurar, o ser adecuadamente dirigida y protegida de errores. Los oficios (ministerios) y sus provisiones son:

1. El apóstol.

Los apóstoles fueron los primeros lĆ­deres de la Iglesia, primeros en tiempo (Mt. 10:1–2; Lc. 22:14, 15; Ef. 2:20); primeros en autoridad (Mr. 6:7; Hch. 1:21–26); primeros en ministerio (Hch. 2:37; 6:1–4); y primeros en las listas (Ef. 4:11; I Cor. 12:28). Los apóstoles fueron aquellos comisionados y enviados por JesĆŗs para iniciar y dirigir la predicación y enseƱanza del evangelio y, juntamente con El, fundar la iglesia (Ef. 2:20; Ap. 21:14).

El tĆ­tulo ā€œapóstolā€ viene del griego apóstolos que significa ā€œun mensajero, uno enviado con una comisión, un apóstol de Cristo.ā€ La idea bĆ”sica derivada de la palabra ā€œapóstolā€ es aquella de un enviado como representante de otro y que deriva su autoridad del que lo envĆ­a. En el griego clĆ”sico, apóstolos tambiĆ©n significaba ā€œuna flota de naves, una expedición.ā€ Del Ćŗltimo, el significado es extendido a ā€œuno comisionado y enviado a otro paĆ­sā€, como la descripción de ā€œun misionero.ā€ El verbo apostello significa ā€œenviar de, o fuera.ā€

ĀæQuiĆ©nes son llamados en el Nuevo Testamento ā€œapóstolesā€? El primer grupo llamado ā€œapóstolesā€ fue el de los doce discĆ­pulos de JesĆŗs (Mt. 10:2; Lc. 6:13), cuyo nĆŗmero fue reducido a once por la caĆ­da de Judas (Hch. 1:26). En adición a los doce, varios otros son llamados ā€œapóstolesā€, tales como BernabĆ© (Hch. 14:14), Silas y Timoteo (I Tes. 2:1, 6), Santiago (I Cor. 17:7), Pablo (Rom. 1:1), y probablemente Andrónico y Junias (Rom. 16:7). Los Ćŗltimos dos eran parientes de Pablo y son mencionados en II Corintios 8:23 como mensajeros (gr. apóstolos) de las iglesias. Epafrodito es llamado por Pablo el mensajero (apóstol) de la iglesia filipense (Fil. 2:25). Parece que el tĆ©rmino ā€œapóstolā€ fue usado con cuatro significados diferentes:

Diferentes niveles de apostolado parecen ser enunciados en I Corintios 15:4–10:

… resucitó al tercer dĆ­a, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y despuĆ©s a los doce … DespuĆ©s apareció a Jacobo; despuĆ©s a todos los apóstoles; y al Ćŗltimo de todos, como a un abortivo, me apareció a mĆ­. Porque yo soy el mĆ”s pequeƱo de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguĆ­ a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado mĆ”s que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.

Una comparación entre los versĆ­culos cinco y siete mostrarĆ” que el apóstol hizo una clara distinción entre ā€œlos doceā€ (Vs 5) y ā€œtodos los apóstolesā€ (Vs 7). Grosheide comenta sobre el versĆ­culo siete: ā€œHay entonces una analogĆ­a con el versĆ­culo cinco: allĆ­ fue Pedro primero y luego los doce, aquĆ­ Jacobo primero y luego un cĆ­rculo mĆ”s amplio de apóstolesā€159

Finalmente, Pablo se refiere a sĆ­ mismo como el Ćŗltimo y el menor de todos los apóstoles. Si Pablo se consideró como ā€œel Ćŗltimo de todosā€ los hombres que habĆ­an visto al SeƱor JesĆŗs (vea I Cor. 9:1), entonces no puede haber mas apóstoles en tiempos posteriores. El cĆ­rculo mayor de apóstoles probablemente incluĆ­a a los setenta a quienes JesĆŗs comisionó personalmente, o aĆŗn los ciento veinte que recibieron la plenitud del EspĆ­ritu en el dĆ­a de PentecostĆ©s.

EstĆ” claro en pasajes tales como Hechos 1:22–26 y Apocalipsis 21:14 que estos Ćŗltimos no eran considerados apóstoles en el mismo nivel con los doce. BernabĆ©, Silas, Andrónico y Junias bien pudieron haber estado entre los setenta (70) o los ciento veinte (120) que fueron testigos de la resurrección de JesĆŗs (Hch. 1:21, 22).

Pablo se clasifica en una tercera clase de apóstoles, ā€œun abortivoā€, uno a quien el SeƱor resucitado habĆ­a aparecido despuĆ©s de su ascensión. Ɖl habĆ­a visto al SeƱor (I Cor. 9:1). Las seƱales de un apóstol habĆ­an aparecido en su ministerio (II Cor. 12:12). HabĆ­a recibido la diestra de la comunión de los apóstoles de JerusalĆ©n, y la autoridad de ellos para llevar el evangelio a los gentiles. La historia subsiguiente demostró el apostolado de Pablo, usado por el SeƱor al escribir mĆ”s libros del Nuevo Testamento que cualquier otro. Sin embargo, el hecho de que Pablo fue forzado a luchar fuertemente por su propio apostolado, muestra que la iglesia primitiva habĆ­a puesto cualidades extremadamente altas para el oficio (ministerio) del apostolado (I Cor. 9:1, II Cor. 12:11, 12).

Aquellos que clamaban falsamente el apostolado eran fuertemente condenados (II Cor. 11:13; Ap. 2:2). Los apóstoles son llamados el fundamento de la iglesia; una estructura puede tener sólo un fundamento (Ef. 2:20). Alrededor de Pablo en AntioquĆ­a se formó un cĆ­rculo de hombres tales como BernabĆ©, Silas, Timoteo, Tito y Epafrodito, que fueron llamados apóstoles en el sentido de que fueron comisionados por la iglesia en AntioquĆ­a como ā€œmisionerosā€ (un significado de la palabra apóstolos). En este Ćŗltimo sentido, ha habido ā€œapóstolesā€ en todas las edades de la iglesia, hombres con potentes dones del EspĆ­ritu, hombres que mediante el poder del Cristo resucitado empujan las fronteras de la iglesia a los confines de la tierra. Si ellos no se han llamado ā€œapóstolesā€, igual han logrado las obras de apóstoles.

El tĆ­tulo ā€œapóstolā€ pertenece mĆ”s bien a la primera generación de la iglesia; sin embargo, los dones espirituales necesarios para la obra apostólica seguirĆ”n siendo derramados en tanto haya gente que alcanzar sobre la faz de la tierra. JesĆŗs todavĆ­a estĆ” enviando a hombres comisionados con su autoridad sobre las potestades de las tinieblas, que tienen autoridad de atar y desatar, y que predican el evangelio con la unción de un profeta. Ellos trabajan entre nosotros hoy dĆ­a.

2. El profeta.

El profeta, enumerado por Pablo entre los dones ministeriales a la iglesia (Ef. 4:11), es segundo en importancia despuĆ©s de los apóstoles. El profeta no sólo ejerce el don de profecĆ­a, sino que ocupa un lugar de liderazgo junto con los apóstoles y maestros (Hch. 11:27; 13:1–3; 15:32; Ef. 2:20; 3:5).

En la iglesia primitiva había dos clasificaciones de profetas. Cualquier miembro del cuerpo general de creyentes que ministraba edificación, exhortación y consolación mediante el don de profecía era llamado profeta (I Cor. 14:24, 31). Otro grupo, formado de tales hombres como Bernabé, Silas, Judas, Agabo y otros mencionados en Hechos 13:1, eran líderes espirituales de la iglesia (Hch. 21:22). Pablo se refiere a esta clase de profetas en Efesios 4:11 cuando enumera dones ministeriales otorgados a la iglesia. Aquellos del último grupo, aunque ejercían el mismo don de profecía, poseían un cÔrisma de liderazgo adicional para dirigir el cuerpo general de creyentes.

¿Cómo operaba el don de profecía en y a través de aquellos que lo ejercían?

2.1.   El profeta habla como el agente de Dios.

El profeta habla lo que Dios quiere que Ć©l hable. Pedro define la función de profeta de la siguiente manera: ā€œCada uno segĆŗn el don [cĆ”risma] que ha recibido, minĆ­strelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da ā€¦ā€ (I P. 4:10, 11). En todo ministerio dotado existe un elemento sobrenatural.

2.2.   El profeta puede dar un mensaje de improvisto.

A menudo el contenido del mensaje del profeta es dado de improviso en el momento de hablar. Sin embargo, el mensaje puede haberse dado de antemano durante oración o meditación. Muchos de los profetas del Antiguo Testamento recibĆ­an el contenido de su mensaje en un sueƱo, una visión, o durante oración, para ser entregado al pueblo en una fecha posterior (Is. 6:9–13).

2.3.   El profeta puede usar escrituras.

Algunas veces, el contenido del mensaje puede consistir de información bien conocida por el profeta como verdad escritural o historia bĆ­blica. Pedro en el dĆ­a de PentecostĆ©s (Hch. 2:14–37) y Esteban ante el concilio (Hch. 7), dieron mensajes profĆ©ticos que estaban llenos de citas del Antiguo Testamento. EstĆ” claro por las narraciones en Hechos que ambos hablaron en el poder del EspĆ­ritu. La palabra usada para describir la declaración de Pedro en Hechos 2:14 apophthĆ©ngomai, es la misma usada en la clĆ”usula ā€œy comenzaron a hablar en otras lenguasā€ (Hch. 2:4), un tĆ©rmino usado para expresar el habla de profetas, adivinadores y de los orĆ”culos.

Esteban concluyó su mensaje con una visión de Cristo ā€œque estĆ” a la diestra de Diosā€ (Hch. 7:56). Parece segĆŗn esto, que un profeta puede emplear la escritura en sus mensajes, caso en el cual el EspĆ­ritu Santo lo dirige a la selección del material y a su aplicación en situaciones especĆ­ficas. Un profeta puede ser movido fuertemente por el EspĆ­ritu para presentar cierto pasaje bĆ­blico, en cuya instancia el EspĆ­ritu tambiĆ©n provee un valor y poder especial en la comunicación ā€œY todos fueron llenos del EspĆ­ritu Santo y hablaban con denuedo [parresĆ­a] la palabra de Diosā€ (Hch. 4:29–31); ā€œOrando en todo tiempo con toda oración y sĆŗplica en el EspĆ­ritu … por mĆ­, a fin de que … con denuedo [parresĆ­a] hable de Ć©l, como debo hablarā€ (Ef. 6:18–20).

No toda la predicación es profecĆ­a, pero muchas predicaciones se hacen profĆ©ticas cuando una gran verdad o aplicación no premeditada es provista por el EspĆ­ritu, o donde una revelación especial es dada de antemano en oración y de una manera poderosa en su entrega. Cuando uno habla en lenguas, la mente estĆ” inactiva (I Cor. 14:14); pero cuando uno profetiza, el EspĆ­ritu opera a travĆ©s de la mente para suplir un mensaje: ā€œPero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseƱar tambiĆ©n a otros, que diez mil palabras en lengua desconocidaā€ (I Cor. 14:9). AquĆ­ el apóstol no estĆ” comparando una declaración dotada con una no dotada; estĆ” comparando lenguas con profecĆ­a; porque todo el capĆ­tulo catorce de I Corintios estĆ” escrito para comparar las lenguas interpretadas con la profecĆ­a.

2.4.   El profeta revela el plan de salvación.

Antes que fuera escrito el Nuevo Testamento, muchos de los profetas apostólicos eran usados por el EspĆ­ritu para revelar el plan de salvación. Esto era asĆ­ porque esto sólo estaba vagamente prefigurado en la tipologĆ­a del Antiguo Testamento (Ef. 2:20). Esta revelación profĆ©tica luego fue incorporada en las epĆ­stolas ā€œā€¦ leyendo lo cual pueden entender cuĆ”l sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el EspĆ­ritu ā€¦ā€ (Ef. 3:4, 5).

2.5.   El profeta puede predecir el futuro.

Mientras que la profecĆ­a es mĆ”s ā€œdeclararā€ que ā€œpredecirā€, a veces puede involucrar una predicción del futuro. En el libro de Hechos hay dos profecĆ­as de Agabo (Hch. 11:27, 28; Hch. 21:10–14). La primera relativa al hambre amenazante en Judea; la segunda concerniente a la pronta venida del encarcelamiento de Pablo en JerusalĆ©n. Ambas profecĆ­as fueron cumplidas. Notamos, respecto a la segunda profecĆ­a de Agabo en Hch. 21:11, que Pablo no cambió sus planes como resultado de la profecĆ­a, aĆŗn ante el ruego de sus amigos. Esto enseƱa que la profecĆ­a puede ser entregada para revelar o confirmar un hecho venidero, pero no para proveer guĆ­a personal. Pablo respetó la profecĆ­a de Agabo la cual revelaba sólo lo que Pablo ya sabĆ­a (Hch. 20:22, 23), pero siguió su propio entendimiento de la voluntad de Dios para su futuro. Dios puede revelar el futuro, pero nosotros no debemos acudir ā€œal profeta para interrogarā€ respecto el futuro. Aquellos que caminan por la fe viven un dĆ­a a la vez, dejando el futuro desconocido a Dios.

2.6.   El profeta habla lo que el EspĆ­ritu revela.

A menudo se pregunta si las declaraciones profĆ©ticas deberĆ­an ser puestas en primera persona (ā€œYo, el SeƱorā€), o en tercera persona (ā€œAsĆ­ dice el SeƱorā€ o ā€œEl SeƱor diceā€). Cuando uno ejerce un don vocal, habla como el EspĆ­ritu suple los pensamientos; el EspĆ­ritu revela, el profeta habla. Dios no habla, sino que revela al profeta lo que Ɖl quiere que se diga. Pablo dijo: ā€œAsimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demĆ”s juzguenā€ (I Cor. 14:29). Ya que los mensajes de los profetas estĆ”n sujetos a ser juzgados (discernidos), parece mĆ”s consistente con la humildad del profeta, hablar en tercera persona como hizo Agabo en Hechos 21:11. Pablo declaró que las cosas que Ć©l escribió en I Corintios capĆ­tulo catorce eran los mandamientos del SeƱor (I Cor. 14:37); sin embargo, expresó sus preceptos en tercera persona. Myer Pearlman dice al respecto: ā€œMuchos obreros con experiencia, creen que las interpretaciones y los mensajes profĆ©ticos deben ser dados en tercera persona.ā€

Lucas declara, concerniente a los que fueron llenos del EspĆ­ritu en el dĆ­a de PentecostĆ©s: ā€œY comenzaron a hablar en otras lenguas, segĆŗn el EspĆ­ritu les daba que hablasenā€ (Hch. 2:4). Dios no habló en lenguas, los creyentes hablaron al ser capacitados por el EspĆ­ritu. Dios no habla normalmente a travĆ©s de hombres como si Ć©stos fueran megĆ”fonos pasivos. Ɖl revela a los profetas su voluntad, capacitĆ”ndoles para hablar lo que Ɖl suple. A menudo Dios hablaba directamente al profeta; pero cuando el profeta entregaba el mensaje al pueblo, decĆ­a ā€œAsĆ­ ha dicho el SeƱorā€ o algo equivalente. Hoy en dĆ­a muchos opinan que la declaración profĆ©tica es mejor fraseada en el idioma contemporĆ”neo, antes que en palabras arcaicas, excepto donde pueda ser incorporada la escritura en sĆ­.

3. El evangelista.

ā€œEvangelistaā€ viene de la palabra griega euagelistĆ©s, definida como ā€œel que proclama buenas noticias.ā€ Un evangelista es entonces uno que se dedica enteramente a ā€œproclamar (predicar) el evangelioā€, especialmente el mensaje de salvación. El tĆ©rmino evangelista se usa sólo tres veces en el Nuevo Testamento (Hch. 21:8; Ef. 4:11; II Ti. 4:5). No obstante, Pablo enumera al evangelista como uno de los dones ministeriales de la iglesia (Ef. 4:11). Solamente Felipe es llamado especĆ­ficamente un ā€œevangelistaā€ (Hch. 21:8); pero trabajadores tales como Timoteo (II Ti. 4:5), Lucas (II Cor. 8:18), Clemente (Fil. 4:3) y Epafras (Col. 1:7; 4:12) pueden haber funcionado como evangelistas.

Las palabras de Pablo a Timoteo sugieren que su verdadero llamado era de evangelista: ā€œQue prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redargüye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina … Pero tĆŗ sĆ© sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerioā€ (II Ti. 4:2, 5; vea tambiĆ©n I Ti. 1:18; 4:14). Pablo, anónimamente describe a un evangelista, (la mayorĆ­a de los eruditos lo identifican como Lucas): ā€œY enviamos juntamente con Ć©l al hermano cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias.ā€ (II Cor. 8:18).

El cuadro mĆ”s claro de un evangelista se halla en Hechos capĆ­tulo ocho, que describe el ministerio de Felipe, quien es especĆ­ficamente llamado un evangelistaā€ (Hch. 21:8). Las siguientes caracterĆ­sticas del ministerio de Felipe forman un modelo de evangelismo del Nuevo Testamento:

  • Felipe predicaba la palabra de Dios, declarando especĆ­ficamente el centro del evangelio, que es Cristo el Salvador. ā€œLes predicaba a Cristoā€ (8:4, 5, 35).
  • Hubo muchos que creyeron y fueron bautizados (8:6, 12).
  • Milagros de sanidad siguieron a su predicación y muchos fueron librados de espĆ­ritus demonĆ­acos (8:6, 7). Los milagros de sanidad dieron mayor efectividad al ministerio de Felipe (8:6, 8).
  • Felipe estaba listo para testificar de Cristo como Salvador, tanto en ciudades enteras, como a un solo individuo. Dejando Samaria, fue dirigido al carruaje del tesorero de EtiopĆ­a (8:26), a quien llevó a Cristo (8:35–38). El verdadero ganador de almas tiene una pasión por las almas que lo hace adaptable al evangelismo en masa y al evangelismo personal.
  • El ministerio evangelĆ­stico de Felipe lo llevó de ciudad en ciudad (8:40).

El cuadro del evangelista del Nuevo Testamento y de la época post-apostólica, era el de uno predicando el mensaje evangélico de salvación de iglesia en iglesia y de ciudad en ciudad. Eusebio, el gran historiador de la iglesia del siglo cuarto describe al evangelista:

Y ellos esparcĆ­an las semillas salvadoras del reino de los cielos, tanto lejos como cerca, y a travĆ©s del mundo entero … Luego comenzaron largos viajes, ejecutaban el oficio (ministerio) de evangelistas, llenos del deseo de predicar a Cristo, a los que todavĆ­a no habĆ­an oĆ­do la palabra de fe.161

4. El pastor-maestro.

En la estructura gramatical de Efesios 4:11, el tĆ©rmino ā€œmaestroā€ no tiene un artĆ­culo definido como lo tienen todos los tĆ©rminos precedentes. Entonces, ā€œmaestroā€ se une con ā€œpastor.ā€ Esto no significa que los tĆ©rminos sean intercambiables. Pueden haber maestros que no son pastores, pero no puede haber pastores que no sean maestros (Hch. 20:28–30). En iglesias donde habĆ­a varios ancianos, algunos pueden haber tenido el ministerio de liderazgo no siendo maestros (Tit. 5:17). Pero el verdadero pastor era un maestro: ā€œMayormente los que trabajan en predicar y enseƱarā€ (I Ti. 5:17b). Una de las cualidades necesarias para un obispo (pastor, anciano) era que fuera ā€œapto para enseƱarā€ (Tit. 3:2; II Ti. 2:24). Un verdadero pastor, entonces, tendrĆ” el carisma para enseƱar (Rom. 12:7; I Cor. 12:28).

La palabra ā€œpastorā€ (gr. poimĆ©n), usada para referirse al lĆ­der de una iglesia local, se halla sólo una vez en el Nuevo Testamento (Ef. 4:11). Sin embargo, la figura de la iglesia como un ā€œrebaƱoā€ (gr. poimĆ©n), y de la obra del lĆ­der espiritual de la iglesia como ā€œpastorear el rebaƱo de Diosā€ (gr., poimaino), se halla varias veces (Jn. 21:15–17; Hch. 20:28; I P. 5:14).

El concepto de Israel como el rebaƱo de Dios y de JehovĆ” como su pastor es comĆŗn en el Antiguo Testamento (Sal. 23:4; Sal. 80:1, 2; Is. 40:11; Jer. 23:4; 25:34–38; Ez. 34; Zac. 11). En el Nuevo Testamento, JesĆŗs usa la figura del pastor y las ovejas en Juan capĆ­tulo diez, donde se llama a sĆ­ mismo el ā€œBuen Pastor.ā€ AdemĆ”s del tĆ­tulo ā€œBuen Pastorā€, JesĆŗs tambiĆ©n es llamado el ā€œGran Pastorā€ (Heb. 13:20), el ā€œPrĆ­ncipe de los Pastoresā€ (I P. 5:4), y el ā€œPastor Dócilā€ (Is. 40:11). Los pastores de las iglesias son pastores ā€œdelegadosā€, que sirven bajo ā€œel PrĆ­ncipe de los Pastores.ā€

El hecho de que la enseƱanza es el objetivo principal de la gran comisión como fue expresado por Mateo (Mt. 28:19, 20) muestra la importancia del ministerio docente. El libro de Hechos refuerza esta observación: ā€œY todos los dĆ­as, en el templo y por las casas, no cesaban de enseƱar y predicar a Jesucristo ā€œ (Hch. 5:42; vea Hch. 11:26; 13:1; 15:35; 20:20; 28:31; I Cor. 4:17; Col. 3:16; II Ti. 2:2).

Debido a la importancia de la enseƱanza, no es sorprendente que uno de los dones especiales del EspĆ­ritu Santo es la capacitación para enseƱar. El profeta inspiraba, exhortaba, consolaba y motivaba a la iglesia; el maestro instruĆ­a a la iglesia en sana doctrina, guardando al rebaƱo de falsos maestros y sus enseƱanzas destructivas. La iglesia en AntioquĆ­a disfrutaba de un ministerio balanceado por profetas y maestros que administraban la exhortación, el evangelismo y la enseƱanza ungida. Algunos han concluido que el carisma de una ā€œpalabra de sabidurĆ­aā€ era el don de profeta, y que la operación de la ā€œpalabra de cienciaā€ era el don del maestro.

El apóstol Juan se refiere a la unción disfrutada por verdaderos maestros al decir: ā€œPero ustedes tienen la unción del Santo, y conocen todas las cosasā€ (Jn. 2:20; vea tambiĆ©n I Jn. 2:27). Hay la tendencia de pensar que el profeta habla sobrenaturalmente, y que el maestro imparte los hallazgos de una escuela meramente natural. La diferencia no es entre lo sobrenatural y lo natural; la diferencia entre los dos es una diferencia en la manera por la cual el EspĆ­ritu Santo opera en los dos dones ministeriales. La unción sobre el profeta es mĆ”s repentina e imprevista, con la meta de motivación. La unción sobre el maestro es mĆ”s medida, operando para iluminar la palabra de verdad y dar habilidad para comunicar correctamente. Para cada ministerio en el cuerpo de Cristo hay un carisma espiritual.