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Doctrina Bíblica 5 (2023)

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  1. PRESENTACIÓN

    Sílabo
  2. LECCIONES
    1) La obra del Espíritu Santo en el mundo y en relacion con Cristo.
    4 Temas
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    1 Cuestionario
  3. 2) La obra del Espíritu Santo en el creyente.
    4 Temas
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    1 Cuestionario
  4. 3) El Ministerio del Espíritu Santo.
    3 Temas
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    1 Cuestionario
  5. 4) El Fruto del Espíritu.
    4 Temas
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  6. 5) El Bautismo del Espíritu Santo.
    5 Temas
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    1 Cuestionario
  7. 6) Los Dones del Espíritu.
    5 Temas
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Cuestionarios

Progreso de Leccion
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I. Consideraciones acerca de los dones de lenguas y profecía

Todo el capítulo catorce de I Corintios fue escrito para instruir a la iglesia sobre el uso correcto de los dones espirituales, especialmente los dones vocales de lenguas, interpretación de lenguas y profecía. Algunos han concluido que Pablo escribió a los corintios para desanimar el uso de lenguas. Tal no puede ser el caso, porque él dijo en el versículo cinco: “Así que, quisiera que todos ustedes hablen en lenguas …” El apóstol que dijo: “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos ustedes …” (Vs 18) no estaba desanimando el uso de las lenguas, pero sí estaba prohibiendo las lenguas no interpretadas en reuniones públicas.

Pablo quería que todos usaran las lenguas como un idioma de oración (Vs 2, 4). Aparentemente, los corintios pensaban que cuando el Espíritu se movía se esperaba que ejercieran su don, aún si todos hablaban al mismo tiempo, y aún si no había interpretación. No sabían que el espíritu de la persona dotada estaba sujeto al control personal (v. 32). Pasaron por alto el hecho de que Dios da privilegios a los creyentes para ser usados inteligentemente, de acuerdo con la escritura, y con el único propósito de la edificación espiritual del cuerpo entero.

Los dones realmente pertenecen a la iglesia más de lo que pertenecen a los individuos que los ejercen. Los dones no deben ser utilizados egoísta u ostentosamente, o sin amor (I Cor. 13). El uso de los dones vocales entre miembros del cuerpo no debe usarse todo el tiempo de la reunión, causando que el ministerio de la enseñanza de la palabra y la predicación del evangelio sean desplazados o desaparecidos (Vs 27, 29). Lo opuesto, por supuesto, también es cierto. Los dones son una gran bendición cuando están en sumisión al modelo bíblico y a un sabio liderazgo espiritual.

1. La prioridad de la profecía.

Sigan el amor; y procuren los dones espirituales, pero sobre todo profeticen” (14:1). Profecía es el don vocal de preferencia. Ha sido dicho que las lenguas más la interpretación es igual a la profecía (Vs 5). Esto no es del todo cierto. El versículo treinta y nueve dice: “Así que, hermanos, procuren profetizar, y no impidan el hablar lenguas.” Las lenguas referidas aquí, deben haber sido interpretadas, dado a que Pablo ya les había prohibido hablar en lenguas sin interpretación. La conclusión es que las lenguas deben ser permitidas, pero la profecía ha de ser procurada y animada. La profecía logra la edificación en una operación; es más directa y con menos posibilidad de distracción. Las lenguas son principalmente dirigidas a Dios, y son preferidas para la oración y alabanza; la profecía es preferida para la edificación, exhortación y consolación de la iglesia.

2. El uso privado de las lenguas.

El uso más importante del don de lenguas es aquel de lenguas como idioma de oración personal (Vs 2, 14, 15; Rom. 8:26, 27). Algunos han sugerido que Jesús habló en lenguas interiormente cuando oró por el hombre sordomudo en Marcos 7:34, porque la misma palabra griega stenazo es usada en Romanos 8:26 y es traducida como “gemidos indecibles.” La oración en lenguas es normal para un creyente lleno del Espíritu. Los creyentes son ordenados a orar así: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu …” (Ef. 6:18) (Vea también Ef. 5:18, 19).

La oración en el Espíritu promueve una profundización de la vida de oración y el desarrollo de la personalidad espiritual. Muchos críticos del don de lenguas concluyen que el hablar en lenguas puede estorbar la sanidad mental. El hecho es que estudios psicológicos han mostrado que el hablar en lenguas tiende a integrar y solidificar la personalidad y hacer a los poseedores del don más capaces de enfrentar los problemas de la vida.

Pablo, en Romanos 8:26, 27 dice que el Espíritu puede ayudar en nuestra debilidad a través de la oración que se deriva de nuestra falta de conocimiento en cuanto al por qué y sobre qué orar. El Espíritu que conoce nuestra necesidad mejor que nosotros y ora a través de nosotros con gemidos indecibles, logrando intercesión en un nivel más alto que aquel de nuestro pedir consciente.

3. Lenguas e interpretación.

Hay tres usos del don de lenguas además de las lenguas como evidencia física e inicial del bautismo con el Espíritu Santo:

3.1.   Lenguas ejercitadas en alabanza como lenguaje de oración, lo cual es un poderoso canal de comunicación con Dios y un vehículo de alabanza.

3.2.   Lenguas como una señal a los incrédulos (I Cor. 14:22, 23). Una “señal” no es necesariamente un medio para convertir a los incrédulos. Según Pablo (Vs 22–24), la profecía es la que convence al incrédulo; las lenguas, la “señal”, testifican al incrédulo de arrepentimiento y condenan al que no se arrepiente. En el versículo veintiuno, Pablo había dicho, refiriéndose a la cita de Isaías: “… En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo, y ni aun así me oirán, dice el Señor.” (Vea Is. 28:11–13) No obstante, la “señal” cuando es dada por Dios es necesaria.

3.3.   Las lenguas como un don vocal dirigido a la iglesia, que siempre deben ser interpretadas. Si el que habla en lenguas no está seguro de la presencia de un intérprete, debe mantenerse callado u orar que él pueda ser capacitado para interpretar (Vs 13, 28).

4. Oración y alabanza en el Espíritu.

Mucho ha sido escrito sobre este aspecto de las lenguas como un vehículo provisto por el Espíritu para orar y alabar. Sin embargo, hay ocasiones cuando las lenguas de oración y alabanza en el Espíritu requieren interpretación. “¿Qué pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” (Vs 15). En el versículo 16 se indica que éste es un ministerio al cuerpo (quizá un grupo menor) “Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho.” Claramente, esta manifestación difiere de las lenguas como un idioma privado de oración como es descrito en I Corintios 14:14, 28.

5. Limitaciones sobre las lenguas y profecías.

Aparentemente, las reuniones en Corinto estaban tan entregadas al ejercicio de los dones vocales, especialmente el hablar en lenguas (con o sin interpretación), que todo otro ministerio era reducido o eliminado. Primera de Corintios capítulo catorce fue escrito para colocar a los dones vocales en perspectiva y dar una enseñanza sobre un ejercicio maduro de los dones. El capítulo doce (Vs 4–6) ya había enfatizado la necesidad de variación en la distribución de los dones. Si todos los dones han de ser ejercitados, y si todo creyente ha de ejercer algún don (Vs 11), los dones vocales no deben ocupar el cuerpo entero.

La profecía y las lenguas con interpretación ejercidas en orden bíblico son muy edificantes, pero debe haber también una enseñanza ungida, la predicación del evangelio y otros ministerios. Por lo tanto, las manifestaciones con lenguas deben estar a cargo de dos o tres y con su debida interpretación. Asimismo las profecías deben ser limitadas a dos o tres en cualquier reunión. Las declaraciones sobrenaturales no deben ser tan numerosas que llegan a ser el común y corriente. Esto puede haber ocurrido en Tesalónica, causando a Pablo advertir “No menosprecen las profecías” (I Tes. 5:20). Un importante hecho sobre la operación de los dones es expresado por el apóstol en el versículo treinta y dos: “Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas.” Luego agrega: “Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos …” (Vs 33).

Todos aquellos que ejercen los dones vocales deberían orar por sabiduría en el reconocimiento de aquellos momentos de una reunión en donde una declaración está edificando. Sólo en ocasiones muy raras se debe interrumpir al que está ministrando, a través de hablar en lenguas. El Espíritu Santo es un caballero. Hay momentos diferentes en la reunión donde el don para la edificación de la iglesia puede ser ejercitado; no hay necesidad de que ninguno sea interrumpido. Hay excepciones, pero son raras.

6. No ha de ser considerado infalible.

Otro principio para el ejercicio de los dones es que ninguna operación lograda por medio de instrumentos humanos es infalible. El don de discernimiento de espíritus deber estar activo en toda asamblea donde los dones sean ejercidos. Esto no significa que cada vez que un don vocal se active en la iglesia, se debe juzgar públicamente. Pablo escribió: “Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen [disciernan]” (I Cor. 14:29). Todo creyente lleno del Espíritu tiene alguna medida de habilidad para juzgar si lo dicho resulta ser edificante espiritualmente. Si todos han de discernir, entonces cada uno debe discernir si la declaración tiene o no valor espiritual para él mismo. Si tiene valor y aplicación, él debería recibir el mensaje y actuar de acuerdo con él en su propia vida.

No todos los mensajes son aplicables a todos los presentes. Si la declaración es completamente del espíritu humano y no es edificante, entonces, con el don de discernimiento puede ser juzgada sin provecho. Si la declaración es del espíritu del maligno, entonces se denuncia y los creyentes son advertidos. El liderazgo debería procurar el don de discernimiento. “Sigan el amor, y procuren los dones espirituales, pero sobre todo profeticen” (I Cor. 14:1).

II. LOS DONES ENUMERADOS EN ROMANOS 12

1. Profecía y ministerio.

En el estudio de los dones enumerados en I Corintios 12, por lo menos once (11) fueron identificados, junto con tres de los dones ministeriales (a ser estudiados en la próxima sección). En Romanos 12, sólo un don es común con la lista de I de Corintios: el don de profecía. De los dones vocales que operaban en Corinto, aparentemente sólo el de profecía era ejercido en Roma. Sin embargo, como la profecía es el don vocal de preferencia, lograba el propósito de toda edificación, exhortación y consolación. Aquí Pablo agrega el hecho de que la “fe” es el principio que opera detrás de la profecía, y que la profecía debe ser ejercida en proporción a la medida de la fe de uno. Esta “fe” no es la fe salvadora que todos poseen como don, ni tampoco “la fe” en el sentido de doctrina cristiana, sino la “fe” asociada con obras de poder (Mt. 9:29).

Pablo menciona los dones de “ministerio” (diakonía) a la iglesia en Roma, probablemente incluyendo no solo un don pero un número de dones. En I Corintios 12:5, Pablo había escrito: “Y hay diversidad de ministerios [diakonia], pero el Señor es el mismo”; esto sugiere que todos los dones son ministerios o vehículos de servicio al cuerpo. Después de mencionar “profecía” y “ministerio”, el enfoque ya no es el don en sí mismo, sino la persona que ejerce el don.

2. El maestro y su enseñanza.

Dios no imparte dones en la iglesia simplemente para satisfacer el instinto de adquisición de una persona, sino más bien para que las cosas de Dios puedan ser ministradas mutuamente y que la iglesia sea edificada espiritualmente. Cuando Dios provee enseñanzas acerca de su verdad, en realidad esta impartiendo dos dones. Él da a la iglesia un maestro, y junto con el maestro, da la capacidad divina para enseñar, o sea el don de la enseñanza. Pero un maestro tiene poco valor si no ejerce su don. En Romanos 12:7, Pablo está diciendo, “Si uno es un maestro ungido de Dios, que use su don para enseñar”; la prueba de que uno es un creyente se ve en el hecho de que está practicando la enseñanza. El título no hace al ministro, sino el hecho de que ministra. Lo que hace auténtico a un maestro escogido por Dios es que los alumnos crecen en gracia y conocimiento bajo el don de enseñanza (I Cor. 2:10–16; II Ti. 2:2; I Ti. 5:17; I Jn. 2:20, 27).

3. El exhortador y su exhortación.

Pablo dice en I Cor. 12 que la exhortación (paráklesis) es uno de los ejercicios del profeta. Al parecer había un grupo de personas llamadas “exortadores” en Roma, ya que “el que exhorta” es mencionado aquí (Rom. 12:8), además del que profetiza (Vs 6). Bernabé fue llamado “el hijo de exhortación (paráklesis)” (Hch. 4:36 versión de Rotherham, en inglés). Ya que Pablo frecuentemente usa el verbo “exhortar” en el sentido de “implorar”, “ungir” o “rogar” (vea Rom. 12:1), probablemente el trabajo del “exhortador” era aquel de mover y motivar a la iglesia a una tolerancia paciente, amor fraternal y a las buenas obras.

El autor de Hebreos fue un exhortador cuando imploró: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Heb. 10:23–25).

Algunos grupos religiosos reconocen el ministerio del exhortador y otorgan la credencial ministerial correspondiente. (Vea Hch. 9:31; 11:23; 14:22; 15:31, 32; 16:40; 20:2; I Tes. 5:14–22.)

4. El dador y su liberalidad.

En la iglesia hay aquellos que tienen el don de “dar.” El dador no es aquel que administra las ofrendas de la iglesia, sino aquel que comparte sus propias posesiones con gran liberalidad. “El que da” se traduce del griego, ho metadidoús. El término se halla en Efesios 4:28: “… sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir [metadídonai] con el que padece necesidad.” La misma palabra se usa en Lucas 3:11 por Juan el Bautista: “… El que tiene dos túnicas, dé [metadotol] al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.” Esto no es una donación institucional, sino un compartir personal.

El dador puede canalizar sus dádivas a través de la iglesia, pero él es más que un oficial que distribuye las dádivas de otros; es un dador de sus propias cosas quien, motivado por el Espíritu Santo, da con extraordinaria generosidad. Un ejemplo de tales dádivas es hallado en II Corintios 8. Pablo, escribiendo a los corintios sobre la colecta para los pobres, dijo: “Asimismo, hermanos, les hacemos saber la gracia [caris] de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba y tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad … Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios” (II Cor. 8:1, 2, 5). Luego usando como ejemplo a las iglesias macedónicas (Filipos, Tesalónica, Berea), Pablo urgió a los corintios (la iglesia dotada) a manifestar el mismo don de dar a los pobres. Dijo también: “Por tanto, así como ya abundan en todo, en fe, en palabra, en ciencia … abunden también en esta gracia [don]” (II Cor. 8:7).

Pablo usa aquí la palabra “gracia” (caris) en el mismo sentido que la palabra “don” (cárisma). Él llama a los dones (carísmata) “gracias”, los cuales poseía la iglesia de Corintio. W.E. Vine define el significado de “gracia” como “el poder y equipamiento para el ministerio.” Esta definición de “gracia” como un don espiritual la revela Pablo en I Corintios 1:4, 5, 7: “Gracias doy a mi Dios … por la gracia de Dios que les fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fueron enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia … de tal manera que no les falte en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo …”

Todos los creyentes, por amor, compasión y por un sentido de responsabilidad al reino de Cristo, darán a la iglesia y a los necesitados. Más allá de este dar normal, hay aquellos quienes dotados por el Espíritu Santo dan con extraordinaria libertad, aún en aflicción y pobreza.

5. El líder y su diligencia.

Pablo insinúa en I Timoteo 5:17 que había otros ancianos de la iglesia además de aquellos que ministraban la palabra de Dios. La iglesia tiene necesidad de diferentes clases de liderazgo. En Romanos 12:8 el apóstol dice: “… el que preside [como don], con solicitud …” La misma palabra griega, traducida “el que preside” es hallada en I Tesalonicenses 5:12, 13a: “Les rogamos, hermanos, que reconozcan a los que entre ustedes trabajan, les presiden en el Señor y les dan instrucción. Ténganlos en alta estima con amor a causa de su obra.” Muchos de los hombres escogidos por Dios ocupan posiciones ejecutivas de liderazgo, administración, manejo de fondos, guía personal, planeación de estrategias y cuidado de obras misioneras. A menudo se piensa que éstas están fuera del dominio del movimiento del Espíritu Santo. Pero, de hecho, estos líderes necesitan de dones espirituales como cualquiera que predica o enseña. Algunas de las personas más espiritualmente poderosas en la historia de la iglesia han sido también los líderes de la iglesia. Dios tiene un don espiritual de liderazgo que Él ha impartido a la iglesia; los creyentes deberían orar constantemente que sus líderes, incluyendo sus pastores, puedan disfrutar de una poderosa unción del Espíritu sobre sus oficios (Heb. 13:7, 17, 24; Ef. 6:18–20; II Cor. 1:11; Col. 2:2–4; I Ti. 2:1–3).

Algunos han creído que el don de liderazgo enunciado en Romanos 12 es el mismo que aquel llamado “ministerios” (gobierno) en I Corintios 12:28. Esto es posible. Sin embargo, las palabras griegas empleadas son completamente distintas y con diferentes significados básicos. El don de Romanos 12:8 tiene el significado de “estar sobre” otros como su líder, mientras que aquel en I Corintios 12:28 tiene más el significado de guía (piloto) a través de todo tipo de mares (un timón). Ambas clases de liderazgo son necesarias en la iglesia. Una persona podría tener ambas capacidades. Es estimulante saber que los líderes de la iglesia de Cristo no tienen que ejercer sus ministerios solo con sabiduría y habilidad humana. Está declarado que la virtud característica del liderazgo espiritual es la “solicitud” (diligencia). Quizá el apóstol estaba describiendo la solicitud en II Corintios 11:28 cuando habló de su “preocupación por todas las iglesias.” (Ver también I Cor. 12:15.)

6. El misericordioso.

Es posible que el don descrito en Romanos 12:8 como “el que hace misericordia” pueda ser el mismo don de I Corintios 12:28 conocido como “ayudas.” La palabra griega “tener misericordia” es eleeo, definida como “tener piedad o misericordia de”, “tener compasión.” Se dice que la misericordia es un atributo de Dios: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó …” (Ef. 2:4).

Casi siempre, los enfermos que clamaban a Jesús exclamaban, “¡Ten misericordia (piedad) de mí!” Parecería que como un don en ejercicio en la iglesia, “el hacer misericordia” sería un ministerio de cuidado por los enfermos y afligidos mediante la visitación y la oración. Con mucha probabilidad, los “dones de sanidades” eran ejercidos por aquellos con el ministerio de misericordia.

Todos los creyentes tienen alguna responsabilidad de hacer tales misericordias a los pobres y afligidos, pero hay aquellos que, por estar dotados por el Señor, llevan a cabo obras de compasión como un ministerio ungido. Hay aquellos que por la unción del Espíritu son “dadores alegres” (II Cor. 9:7), que comparten prontamente con los necesitados; hay otros con un don diferente que comparten su amor, compasión, tiempo y presencia a fin de sanar y restaurar a los pobres y afligidos. Es característico del Dios de toda misericordia y compasión colocar a tales personas dotadas en el cuerpo de Cristo. Los tales no son dones vocales, sino obras de amor que hablan tan fuerte como las palabras. El Dios de variedad ciertamente administra una bendita variedad de dones y ministerios ungidos del Espíritu, cada uno para combinar con cada necesidad en la iglesia.