El premio de los insistentes
Al oĆr que era JesĆŗs nazareno, comenzó a gritar: Ā”JesĆŗs, Hijo de David, ten misericordia de mĆ! Y muchos lo reprendĆan para que callara, pero Ć©l clamaba mucho mĆ”s: Ā”Hijo de David, ten misericordia de mĆ! (Marcos 10.47ā48)
Como todos aquellos cuya vida transcurre en las calles y los lugares pĆŗblicos de la ciudad, Bartimeo era un hombre que estaba enterado de todo lo que estaba pasando a su alrededor. La gente lo conocĆa, pues mendigaba siempre en el mismo sitio. Sin saber en quĆ© preciso instante se enteró de la existencia de un tal JesĆŗs de Nazaret, es evidente que estaba al tanto de los increĆbles relatos que se contaban de este profeta que habĆa surgido en Israel. El incidente que nos describe este evangelio nos deja un interesante ejemplo del valor, en el reino, Ā”de ser obstinado!
La historia de Bartimeo revela que para lograr un cambio en nuestras vidas tenemos que estar insatisfechos con lo que tenemos. No cabe duda de que esto es el comienzo de algo nuevo. No obstante, no toda insatisfacción lleva a la bĆŗsqueda de algo mejor. En muchas personas la insatisfacción es un estado permanente que solamente ha servido para que vivan vidas amargas y resentidas. La clave en este tema es el grado de insatisfacción que sentimos. En mi paĆs las personas a veces dicen: Ā«estoy mal, pero acostumbradoĀ». Al igual que los israelitas en Egipto, estĆ”n tan hundidos en el pozo de resignación que ya no albergan esperanza.
Bartimeo nos muestra una segunda verdad. Para lograr un cambio en la vida es necesario que tengamos una convicción absolutamente inamovible de que JesĆŗs tiene lo que estamos buscando. Pienso que lo favorecĆa su posición de discapacitado. Estaba completamente perdido en la vida, pues la falta de visión le habĆa privado de lo mĆ”s elemental. Se veĆa obligado a mendigar y depender, en todo, de los demĆ”s. No le quedaba mucho por perder, pues ya lo habĆa perdido prĆ”cticamente todo. De todas maneras Bartimeo creĆa, por lo que habĆa escuchado, que JesĆŗs podĆa resolver su situación. Estaba dispuesto a buscar de Ć©l aquello que necesitaba, a gritos si fuera necesario.
En tercer lugar, Bartimeo nos muestra que, para lograr un cambio, tenemos que estar dispuestos a cerrar los oĆdos a los que nos quieren desanimar. Al comenzar a gritar, muchos de los que estaban a su alrededor lo reprendieron y le decĆan que se callara. En demasiadas ocasiones en nuestra vida hemos permitido que otros nos intimiden. En otras ocasiones, son nuestros propios temores los que nos han frenado. No nos hemos animado a hacer el papel de ridĆculo, ni a pasar situaciones de vergüenza para lograr lo que estamos buscando. Nos ha preocupado demasiado el Ā«quĆ© dirĆ”nĀ». Atemorizados, hemos mirado de lejos, deseando en lo secreto de nuestro corazón lo que Dios nos ofrecĆa, pero no animĆ”ndonos a pagar el precio para tomarlo.
Bartimeo estaba desesperado, y eso lo llevó a pedir, a gritos pelados, que Jesús lo sanara. Cristo lo escuchó y le devolvió la vista, demostrando que muchas bendiciones en el reino son de los atrevidos.
Para pensar:
¿CuÔnta pasión hay en sus plegarias? ¿Tiene convicción de que realmente no puede vivir sin esa bendición que le pide a Dios? ¿CuÔnta humillación estÔ dispuesto a soportar para conseguir lo que quiere?
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.0000
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