La lucha del que sirve
Quiero pues, que sepĆ”is cuĆ”n grande lucha sostengo por vosotros, por los que estĆ”n en Laodicea y por todos los que nunca han visto mi rostro. Lucho para que sean consolados sus corazones y para que, unidos en amor, alcancen todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre y de Cristo. (Colosenses 2.1ā2)
Como en todos los escritos del apóstol, esta carta tambiĆ©n nos revela, aunque sea fugazmente, algo del corazón de este siervo de Jesucristo. El apóstol, sin entrar en detalles, afirma que estĆ” involucrado en una intensa lucha por la iglesia. Sabemos con certeza que esta pugna incluĆa toda clase de pruebas externas, algunas de las cuales estĆ”n mencionadas en su segunda carta a los Corintios. Estas aflicciones incluyeron tales cosas como hambre, prisiones, azotes y naufragios, que habĆan sufrido por causa del evangelio. Mas Pablo, en el texto de hoy, se estĆ” refiriendo a otra clase de lucha, la que se libra en el ser interior del siervo. Esta es la carga pastoral que Dios pone sobre el corazón de aquellos que sirven a su pueblo. En el mismo pasaje de Corintios, Ć©l escribĆa: Ā«Y ademĆ”s de otras cosas, lo que sobre mĆ se aƱade cada dĆa: la preocupación por todas las iglesias. ĀæQuiĆ©n enferma y yo no enfermo? ĀæA quiĆ©n se le hace tropezar y yo no me indignoĀ» (2 Co 11.28ā29).
Esta carga es la que distingue al pastor que lo es por vocación celestial, de aquel pastor que no es mĆ”s que un asalariado. La lucha principal del asalariado estĆ” en mantener en movimiento los diferentes programas de la congregación. No tiene mucho tiempo para estar con la gente porque estĆ” demasiado ocupado con sus muchas actividades. Mas el pastor, que es pastor de alma, entiende que los programas son un medio para un fin mucho mĆ”s importante: la formación de Cristo en la vida de cada uno de sus hermanos. Tiene sus ojos firmemente puestos en este objetivo y sabe, con absoluta certeza, que esto no se logra con una buena dosis de actividades. La formación de un discĆpulo es un proceso esencialmente espiritual y el pastor vive intensamente este proceso, con oración, con sĆŗplicas, con lĆ”grimas y ruegos a favor de cada uno de los que le han sido confiados.
La evidencia mĆ”s contundente de que esta carga es producida por el EspĆritu de Dios, la encontramos en lo que Pablo dice: que su lucha incluye a los que nunca han visto su rostro. Ā”QuĆ© grandeza de espĆritu! La mayorĆa de nosotros apenas luchamos por los nuestros. De veras que nos interesa poco la obra y el trabajo de los demĆ”s, especialmente los que viven en otros lugares. Pablo trabajaba y sufrĆa tambiĆ©n por aquellas congregaciones en las cuales nunca habĆa estado personalmente, pero que eran de sumo interĆ©s para su SeƱor. La carga de Cristo estaba tambiĆ©n sobre su corazón. Y cuando los intereses de los demĆ”s comienzan a importarnos, sabemos con certeza que Dios nos ha librado del egoĆsmo que tanto entorpece su obra en nosotros.
Para pensar:
Cómo lĆder, ĀæcuĆ”nto tiempo se pasa intercediendo por el ministerio de otros? ĀæCuĆ”nto esfuerzo dedica a promocionar proyectos ajenos a los suyos? ĀæCómo comunica a su congregación este mismo desinterĆ©s ministerial?
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
Comentarios