Esta lección estĆ” diseƱada para aclarar la responsabilidad dual del esposo y la esposa en el matrimonio. NO ES UNA ENSEĆANZA SOBRE EL MANDO Y LA SUJECIĆN. Puede, sin embargo, haber cambiado la forma en que ustedes percibĆan en el pasado el mando y la sujeción.
2. A la luz de esta enseƱanza, Āæ Cómo entienden la función de la cabeza? ĀæDifiere esto de que antes creĆan que era la cabeza? Si es asĆ, Āæen quĆ© aspectos difiere?
Āæ CuĆ”les pasajes bĆblicos te ilustran mejor como JesĆŗs opero en la función de cabeza?
Nuevamente, esta lección estÔ diseñada para poner en claro la doble responsabilidad del esposo y la esposa.
A la luz de esta enseƱanza, Āæ QuĆ© en tienden por sujeción? ĀæDifiere esto de lo que antes creĆan que era la sujeción? Si es asĆ, Āæen quĆ© aspectos difiere? Āæ CuĆ”les pasajes bĆblicos ilustran mejor el funcionamiento de la iglesia en sujeción a JesĆŗs?
3. Dios nos ha creado como hombre y mujer para complementarnos y equilibrarnos mutuamente. Cuando estamos fluyendo segĆŗn el EspĆritu Santo nos dirige, siempre complementaremos las acciones de nuestro cónyuge. Actuaremos en forma diferente y en momentos diferentes y de acuerdo con nuestras personalidades, pero si somos dirigidos por Dios, siempre estaremos equilibrados. La siguiente grĆ”fica ilustra esta dinĆ”mica. Utilicemos como ejemplo el “escuchar”. Es razonable que si uno de los cónyuges estĆ” hablando, el otro debe estar escuchando. La cantidad de tiempo que cada cónyuge emplea en hablar dependerĆ” de cuanto estĆ© hablando el otro.

Este es un ejemplo en el cual tanto la esposa como el esposo escuchan la mitad del tiempo.
En cualquier momento dado, no obstante, la cantidad de tiempo en el que cada uno escuche al otro puede variar, en consecuencia:

Si estamos actuando conforme nos dirige el EspĆritu Santo, estaremos fluyendo constantemente a travĆ©s de la escala, hacia adelante o hacia atrĆ”s y en forma complementaria. Conforme establecemos en la grĆ”fica lo que uno de los cónyuges hace, la acción del otro cónyuge debe seguir de manera correspondiente.

Cuando uno estĆ” compartiendo, el otro estĆ” escuchando. El tiempo que uno dedica a escuchar equilibra al tiempo que el otro dedica a compartir.
Cuando vemos de cerca la forma en que actuamos en varias Ć”reas, comenzamos a identificar patrones en nuestra relación matrimonial que, de otra manera, tal vez no notarĆamos. Algunos de estos patrones son agradables a Dios y son inspirados por el EspĆritu. Otros patrones son desagradables a Dios y son inspirados por el yo.
Completen estas grĆ”ficas que representan las Ć”reas mencionadas, segĆŗn fluyan ambos la mayor parte del tiempo. La anchura de la grĆ”fica podrĆa variar aun de acuerdo con la cantidad total de esa actividad particular que los dos llevan a cabo juntos. Por ejemplo, si su vida sexual estĆ” muerta, la categorĆa de INICIANDO EL AMOR podrĆa contener muy poca actividad por ambas partes. Sin embargo, si MINISTRARSE MUTUAMENTE es algo que hacen bastante, entonces esa grĆ”fica ser muy ancha, probablemente abarcara todo el espacio provisto.
Ejemplo:


4. Existen algunas Ć”reas de nuestra relación en las que el SeƱor nos ha dotado de caracterĆsticas que Ćl pretendĆa que fluyeran juntas. Como regla, uno de los cónyuges normalmente es mĆ”s compasivo y ve las cosas desde un puntos de vista “tierno”. El otro cónyuge normalmente es mas objetivo y ve las cosas desde un punto de vista prĆ”ctico y conveniente. Cuando estos dos atributos fluyen equilibradamente, se harĆ” frente a las circunstancias segĆŗn la voluntad del SeƱor, con firmeza y comprensión compasiva. Sin embargo, si estas Ć”reas estĆ”n desequilibradas, se tenderĆ” a hacer frente a las circunstancias ya sea con emoción incontrolable o frialdad irreflexiva. JesĆŗs fue perfectamente equilibrado en su ministerio y desea que actuemos en unidad
equilibrada, juntos en nuestra relación de una sola carne. Consideren algunas Ć”reas en las que a los dos se les dificulta lograr este equilibrio. PodrĆa tratarse de “ahorrar” contra “gastar”, o “productividad” contra “ratos libres”. En cualquier Ć”rea determinada, si permitimos que nuestros propios deseos personales se adueƱen de la situación, normalmente terminaremos peleando.
No obstante, si permitimos que el EspĆritu Santo nos dirija en cuanto a complementarnos mutuamente, nos uniremos en forma hermosa en el equilibrio correcto.
¿CuÔles son sus Ôreas de aparente conflicto? En la siguiente grÔfica, anoten lo que consideren que es su posición o punto de vista, en sus propias palabras, para cada Ôrea en la que tienen problemas. Pueden usar las Ôreas que aparecen en la columna de asunto, o tacharlos y anotar los que ustedes quieran. No juzguen la posición de su cónyuge; sólo expresen la suya. Si cada uno escribe según su manera de ver las cosas, serÔ un atributo positivo. Recuerden, no juzguen lo que escriba su cónyuge; solo registren su propio punto de vista.

Ahora mira las palabras que tu cónyuge utilizó para describir su posición. Deben describir una cualidad de carĆ”cter muy positiva. Con mucha frecuencia, cuando sentimos convicción acerca de alguna cuestión en un Ć”rea u otra, es porque vemos lo que preferimos hacer como una acción positiva ⦠si estuviĆ©ramos operando independientemente, probablemente no serĆa un problema si hiciĆ©ramos las cosas en la manera en que preferimos hacerlas. Pero no somos seres independientes una vez que hemos entrado en el pacto matrimonial. Con mucha frecuencia, Dios usa cualidades que existen en ambos para unirnos y equilibrarnos, normalmente se trata de cualidades por las que sentimos gran convicción y no deseamos que sean alteradas. Puesto que tenemos sentimientos fuertes acerca de nuestra posición, normalmente sentimos que la posición de nuestro cónyuge estĆ” equivocada. Dios quiere que comencemos a soltar nuestras propias opiniones, a fin de aprender a unirnos en su plan para nuestra vida de una sola carne.
5. He aquà como Dios nos conduce a un equilibrio en estas Ôreas. ¿Recuerdan la grÔfica de barras que acabamos de utilizar para describir como fuimos en nuestra relación?
Ampliemos nuestra comprensión de la dinÔmica de dicho fluir.

Este diagrama representa un sistema de lazo cerrado. En este sistema, la fuente de poder se encuentra en la posición superior y los recipientes de poder estÔn en la posición inferior.
En un sistema de lazo cerrado, cuando el poder estƔ fluyendo por ambos canales a los recipientes, esto mueve a los recipientes de un lado a otro, dependiendo de cual estƔ recibiendo mƔs poder en un momento dado.

En este tipo de sistema, si cualquiera de los recipientes no responde al poder fluyendo al mismo, se crea una presión tremenda sobre el otro recipiente.

Bueno, ¿qué tiene que ver esto con los esposos y las esposas? Veamos este mismo diagrama con Dios como la fuente de poder y al esposo y a la esposa siendo los dos recipientes de poder.

Usando este mismo concepto, el poder (la unción) fluye de Dios (la fuente de poder) a cada uno de lo recipientes (esposo y esposa), con la cantidad de poder fluyendo a cada uno variando de vez en cuando. El siguiente diagrama representa situaciones en las que mÔs poder fluye primero hacia el esposo y después hacia la esposa.

¿Recuerdan que dijimos que la responsabilidad es solamente responder a la habilidad que Dios ha puesto en nosotros? Asà es como Dios nos capacita para responder. El derrama Su poder y unción en las Ôreas donde El da la responsabilidad. Mientras cada cónyuge responda a la unción de Dios, podremos fluir sencillamente de una parte a otra en varios grados de actividad.
Cuando el poder viene de la fuente de poder (Dios), la presión fluirĆ” como Dios la dirija. Si ambos compaƱeros son sensibles al EspĆritu Santo, la dinĆ”mica del flujo continuarĆ” cambiando de dirección segĆŗn Dios la dirija.
Sin embargo, si nos movemos en la carne, entonces la presión proviene de uno de nosotros y la dinÔmica del flujo cambia drÔsticamente. Simplemente como el ejemplo del sistema de lazos cerrados, la falta de respuesta a la fuente de poder ejercerÔ gran presión sobre el otro recipiente.
Digamos, por ejemplo, que una esposa quisiera que su esposo ministrara mĆ”s. Si la esposa decide en la carne que la manera de hacer que su esposo ministre mĆ”s consistente en que ella se niegue a hacerlo, podrĆa ilustrarse con el siguiente diagrama.

A medida que ella se retrae, ella crea un espacio vacĆo en el flujo continuo de su interacción. El efecto resultante ejerce una presión tremenda sobre su esposo en vez de causar que el ministre mĆ”s, la presión realmente lo impulsa en la dirección opuesta, podemos representar este efecto en un diagrama de la siguiente manera:

Cada vez que ambos le exigimos a nuestro cónyuge que cambie, la presión que resulta crea justamente lo contrario de lo que queremos lograr. El hacer las cosas en la carne nunca resolverÔ un problema. La única manera de traer el poder que obre el cambio a la vida del cónyuge consiste en la oración intercesora a su favor mantengan el principio de orar y no presionar. La presión para cambiar entonces viene de Dios quien también suministra el poder para dicho cambio. Tanto el poder como la presión, entonces fluyen de lo alto y el flujo dinÔmico entre los esposos permanece estable.
Tenemos que ser sensibles al EspĆritu Santo, conforme Ćl nos dirige hacia un grado mayor o menor en cualquier Ć”rea. Si esa Ć”rea estĆ” claramente asignada en las Escrituras a un cónyuge en lo particular, entonces sabremos automĆ”ticamente quien ha de fluir predominantemente en esa Ć”rea. Si uno de los cónyuges no esta desenvolviĆ©ndose debidamente, esto no se corrige con que el otro cónyuge comience a actuar fuera de la
voluntad de Dios. Si tĆŗ sientes que tu cónyuge no estĆ” actuando como Dios quisiera acuĆ©rdate de llevar eso al SeƱor en oración. No intentes intervenir y llenar ese vacĆo. Si el SeƱor no te ha llamado a esa responsabilidad, no estarĆ”s dotado con el poder requerido para llevarla a cabo. Demasiadas familias cristianas tienen sus funciones distorsionadas hoy en dĆa, debido a que cada cónyuge estĆ” intentado cumplir con la posición del otro, en vez de orar por su cónyuge en relación con esas Ć”reas de carencia.
Recuerden, hay que hablar a Dios de nuestro cónyuge no a nuestro cónyuge de Dios.
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