Sea que nos demos cuenta o no, hemos estado sembrando y cosechando durante toda nuestra vida de casados. Con esta tarea, vamos a examinar las cosechas que hemos producido, y decidir cuales deseamos perpetuar y cuales deseamos destruir. Una vez que hayamos tratado con las cosechas viejas, comenzaremos a sembrar nuevas.
1) Comiencen a ver cada aspecto de su familia como un Ɣrea de cultivo. Hagan conciencia de lo que se ha sembrado de cuales cosechas se han producido. A veces existe la tendencia de concentrarse en lo que anda mal. AcuƩrdense de buscar buenas cosechas tambiƩn en cada una de las siguientes Ɣreas examinen lo que han cosechado y despuƩs determinen lo que han sembrado para que esa cosecha se diera. Primero vean la cosecha y despuƩs traten de entender que semilla fue sembrada para producir esa cosecha. Registren la cosecha levantada en cada huerto y las semillas sembradas en cada costal de semillas.
Ejemplo:







2) Ahora examinen las cosechas que han recogido. ¿hay algunas buenas cosechas que ustedes desean que continúen? Pongan un asterisco al lado de las semillas que han producido buenas cosechas. Continúen sembrando y sembrÔndolas.
¿Hay algunas malezas? ¿EstÔ creciendo alguna cosa que ustedes no quieren que sigan creciendo? Si es asi, arrepiéntanse y apliquen el herbicida sobre esas cosechas. Utilizando un lÔpiz rojo, tachen esas cosechas. La sangre de Jesús cubre cada pecado confesado. Esas cosechas ya se estÔn muriendo. PodrÔn seguir viendo rastros de ellas por un tiempo. Simplemente recuerden que mientras no siembren esas semillas, ya no habrÔ mas de esas cosechas. Si se llegan a sorprender sembrando cualquiera de esas
semillas indeseables, arrepiƩntanse inmediatamente para que no tengan que cosecharlas.
3) ”Ahora a sembrar nuevas cosechas! Primero, tienen que cultivar la tierra. Si estÔs sembrando en ti mismo, pasa tiempo en la oración y en la Palabra. Si estÔs sembrando en otra persona, pasa tiempo en la intercesión y en guerra espiritual. Mantengan la tierra bien regada con la Palabra de Dios. He aquà las instrucciones para sembrar.
2 Corintios 9:10 nos dice, “Dios, que da la semilla que se siembra y el alimento que se come, les darĆ” a ustedes todo lo necesario para su siembra, y la harĆ” crecer, y harĆ” que la generosidad de ustedes produzca una gran cosecha”. Vayan al SeƱor y pĆdanle semilla. Obtengan su nueva semilla de la Palabra de Dios, que es su voluntad expresa para ustedes y sus seres queridos. Tomen de su bolsa de semillas.
“Ā»Cuando llegue el tiempo de la cosecha, no sieguen hasta el Ćŗltimo rincón de sus campos ni recojan todas las espigas que allĆ queden.” LevĆtico 19:9 nos dice que no sembremos dos semillas en el mismo campo. La Palabra de Dios jamĆ”s siembra una mala semilla. Si comienza a aparecer maleza en el huerto, sabemos de cual bolsa proviene. No podemos sembrar fe en Dios y fe en SatanĆ”s (la duda) en el mismo campo. Sepan que lo que estĆ”n sembrando de la Palabra de Dios madurara sino desmayan.
EclesiastĆ©s 11:4 dice: “El que mira al viento, no siembra, y el que mira a las nubes, no cosecha”. Si ponemos los ojos en las circunstancias, no sembraremos la Palabra adecuada en cada situación. Tenemos que sembrar en nuestros matrimonios segĆŗn nos dirija el SeƱor, sin tomar en cuenta el pasado y las circunstancias aparentemente imposibles.
Finalmente, tenemos que sembrar en forma constante y esperar pacientemente para que las cosechas nuevas maduren. Hebreos 10:35-36 (NVI) nos dice, “AsĆ que no pierdan su confianza la cual, serĆ” grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, una vez que hayan cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que Ćl ha prometido”.
Registren en las Ôreas a continuación la nueva semilla que estÔn sembrando en si mismos, en sus cónyuges, en sus hijos y en su hogar. Luego mantenga un registro en cada uno de los huertos conforme vean que aparecen las cosechas.




No hemos estado arrancando la maleza de manera eficaz. SatanĆ”s nos darĆ” tantas semillas como nosotros estemos dispuestos a recibir. “JesĆŗs contó otra parĆ”bola: Ā«El reino de los cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero mientras todos dormĆan, llegó su enemigo y sembró mala hierba entre el trigo y se fue. Cuando brotó el trigo y se formó la espiga, apareció tambiĆ©n la mala hierba. Los siervos fueron al dueƱo y le dijeron: āSeƱor, Āæno sembró usted semilla buena en su campo? Entonces, Āæde dónde salió la mala hierba?ā.” (Mateo 13:24-27).
Conforme comienzan a salir las cosechas, el regresa para seƱalĆ”rnoslas. Si el se concentra en las hierbas que hay en nuestro propio jardĆn, el resultado serĆ” sentimientos de condenación. Si se concentra en las hierbas que hay en el jardĆn de nuestro cónyuge, el resultado serĆ” juicio, crĆtica y contienda. Si permitimos que el ciclo continĆŗe, con la maduración de cada nueva cosecha de maleza tenemos nuevas semillas para sembrar. SatanĆ”s no juega limpio. Hasta trae a la luz viejas cosechas que hace mucho desaparecieron. Arreglara sus semillas en toda clase de envolturas atractivas a fin de hacernos tomarlas y sembrarlas. Las semillas de disensión provienen de estas cosechas del enemigo. Tenemos que ser prontos para reconocer estas cosechas en cuanto comienzan a aparecer en nuestros jardines. Sean diligentes, limpien su jardĆn
diariamente! Si comienza a aparecer cualquier cosa que no sea de Dios, arrepiĆ©ntanse. Mateo 15:13 registra que JesĆŗs dijo,“Toda planta que no plantó mi Padre celestial, serĆ” desarraigada”. Que Ć©sta se convierta en nuestra norma en el cuidado de nuestros campos.
No reciban comunicación demoniaca acerca de su cónyuge. Examinen cada pensamiento que tengan acerca de su cónyuge y pregĆŗntense, “ĀæJesĆŗs dirĆa eso?”. Si no proviene de SeƱor, proviene del enemigo. Las semillas neutrales no existen. No tomen esa semilla de muerte ni la siembren en su jardĆn. Recuerden, se necesitan dos para pelear.
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