Leccion 2, Tema 1
En Progreso

1.1 La Historia: Cambio de Planes

Progreso de Leccion
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El trÔnsito que se dirigía al norte por la circunvalación estaba muy lento. Autos, camionetas y colectivos iban rumbo al estadio Mario Alberto Kempes. La mayoría estaban uniformados con la camiseta del Paris Saint Germain, con el número 30 y el nombre de MESSI en sus espaldas. Las entradas se habían agotado. Y las puertas de acceso al estadio estaban llenas de personas esperando para ingresar.

Estaban todos… todos, excepto Lucas PĆ©rez.

Lucas se dirigía hacia el sur por la misma circunvalación. Mientras pasaba por el costado del estadio, miró el ticket de la entrada sobre el asiento a su lado. Era un regalo de un amigo que tenía contactos con los organizadores de este partido amistoso, en el cual el PSG venía a jugar con todos sus jugadores estrellas contra un seleccionado local.

Lucas había planeado el día perfecto: oficina en la mañana, asistir al partido por la tarde, y una reunión en la iglesia por la noche. Eso fue antes de que los organizadores decidieran cambiar el horario del partido, justo a la hora de la reunión de esa noche.

Así que ahora, en vez de aprovechar quizÔs su única oportunidad de ver jugar personalmente a Messi y sus compañeros, era prÔcticamente el único vehículo que circulaba rumbo a la zona sur de la ciudad, para asistir a una reunión a la cual no quería ir. Pero lamentablemente para Lucas, él era el Pastor.

Lucas habƭa fundado la iglesia Nueva Vida hacƭa diez aƱos. Y mientras estaba luchando con sus pensamientos, le entra una llamada a su celular.

ā€œHolaā€¦ā€

ā€œHola Lucas, ĀæEstĆ”s llegando al estadio para ver el partido?ā€ – Le preguntó Juan GarcĆ­a, el amigo que le habĆ­a regalado la entrada.

-ā€œHola Juan. Estaba justo por llamarte. Acerca del partidoā€¦ā€

-ā€œMe parece que no estĆ”s muy entusiasmadoā€ – le dijo Juan a Lucas, interrumpiĆ©ndolo.

-ā€œSĆ­, bueno, no estaba seguro de cómo decirte esto. Pero no puedo ir al partido, Juan. Tengo una reunión en la iglesia, y por el cambio de horario del partido, no voy a llegar.ā€

-ā€œĀ”Yo sabĆ­a!ā€ – dijo Juan. ā€œSĆ© que es difĆ­cil para vos, pero todavĆ­a estĆ”s a tiempo de suspender esa reunión para ir al partido. Este podrĆ­a ser el partido del aƱo, y te vas a lamentar muchĆ­simo si no vas.ā€

Lucas pensó: ā€œSuspender la reunión, para ir a ver un partido.ā€ Ā”No, eso jamĆ”s!

-ā€œGracias Juan por tu interĆ©s. Pero hay una propuesta que nos han hecho al Equipo Pastoral, y debo estar ahĆ­ para que tomemos la mejor decisión. TratarĆ© de encontrar a alguien que pueda aprovechar la entrada que me regalaste.ā€

 -ā€œBueno, Lucas. Lamento mucho oĆ­r esto. Espero que puedas resolverlo de otra manera para poder ir al partido. Por favor, conserva la entrada. Te hablarĆ© luego. Un abrazo.ā€

Lucas estaba confundido por el comentario de su amigo, y se sumó a su sensación de incomodidad acerca de esa reunión. Ɖl habĆ­a aprendido a poner las cosas de Dios siempre antes que cualquier otra actividad. Pero honestamente, no era que querĆ­a ir al partido tanto como el no querer ir a esa reunión.

Lucas y su esposa Sara, junto a otras doce personas, habían comenzado la iglesia Nueva Vida en un salón alquilado, que antes había sido un cine. Su visión era pura y simple: que las personas conozcan a Jesucristo, y lo reciban como Señor y Salvador de sus vidas. MÔs que una visión, era una pasión. Lucas y su esposa Sara compartían esa misma pasión. Juntos cambiarían al mundo, o por lo menos una parte. Eso fue antes que las cosas se complicaran tanto. No era que Nueva Vida fuera un fracaso como iglesia. En diez años habían crecido de un puñado de miembros a varios cientos. Algo estaban haciendo bien.

Lucas era un buen predicador, y sabía cómo liderar una iglesia. Pero este último tiempo había tenido un sentimiento molesto, de que era la iglesia la que lo lideraba a él. El crecimiento mÔs grande había sucedido en el tercer año, cuando compraron el edificio. Junto con el salón, había venido una hipoteca y un plan de construcción. Atender las finanzas se había convertido en una prioridad. Con el edificio, vino la construcción de las aulas para la escuela bíblica, una cocina, un sector de deportes, y muchas cosas mÔs.

Todo este crecimiento había conducido al tema de la reunión de esa noche: una escuela de oficios. En diez cortos años, Lucas se había convertido en pastor, administrador, financista, constructor, y ahora tal vez en el director de una escuela de oficios. Lo que no sabía era cómo o por qué se había convertido en todo eso.

La escuela de oficios era idea de Mario Ortigoza, un hermano que tenƭa muchas ideas grandiosas de lo que los otros deberƭan hacer. No era que sus ideas fueran malas; en realidad a menudo eran bastante buenas. Pero parecƭa que cada una de esas propuestas terminaba llenando un casillero mƔs en la agenda del Pastor Lucas.

Mario estaría en la reunión de esa noche.

ā€œĀæPor quĆ© no abrir una escuela de oficios?ā€, le habĆ­a preguntado a Lucas. ā€œĀæPor quĆ© dejar las aulas y todos esas sillas de la escuela dominical vacĆ­as durante la semana? ĀæHabiendo tanta necesidad de trabajo, y de personas que necesitan una capacitación prĆ”ctica para encontrarlo? AdemĆ”s, ĀæNo traerĆ­a mĆ”s gente a la iglesia?ā€

-ā€œPero, ĀæQuiĆ©n va a pagar a todos esos profesores? – pensó Lucas. ĀæY quiĆ©n va a armar los planes de estudios? ĀæQuiĆ©n va a llevar registro de las asistencias, y tomar los exĆ”menes? ĀæQuiĆ©n va a visitar a las empresas para conseguir acuerdos para que los egresados de la escuela de oficios puedan entrar a trabajar?ā€

Lucas sabía quién sería esa persona, y no era Mario. Esa persona sería él. Y podía sentirlo en la boca de su estómago. El trÔnsito hacia el estadio se intensificaba como un molesto recordatorio de que ese día se había arruinado.

ā€œĀæPor quĆ© deberĆ­a perderme ese partido?ā€ – pensó Lucas.- Āæā€œEs mi culpa que cambiaran el horario? ĀæEs mi culpa que Mario quiera abrir una escuela de oficios? ĀæDónde estĆ” escrito que un pastor no pueda disfrutar un partido de fĆŗtbol alguna vez?ā€

-ā€œSi tan sólo no tuviera que ir a esa reunión.ā€

-ā€œSi tan sólo Mario no hubiera hecho esa propuesta.ā€

-ā€œSi tan sólo alguien pudiera reemplazarme.ā€

-ā€œSi tan sólo pudiera doblar en sentido contrario e ir al estadio.ā€

En realidad, Lucas sabía que con o sin él, Martín lideraría la reunión. Martín era un miembro del Equipo Pastoral, y estaba encargado del Ôrea de enseñanza. Entonces, vuelve a sonar el celular, pero ahora era Martín:

ā€œHola Lucas, habla MartĆ­nā€

-ā€œSĆ­, MartĆ­n. Decime quĆ© necesitas.ā€

-ā€œTengo malas noticias… tuvimos que suspender la reunión por lo de la escuela de oficios. La mayorĆ­a no podĆ­an ir, ni siquiera yo, y solamente estarĆ­an vos y Mario. Me siento muy mal por esto, y te pido mil disculpasā€¦ā€

-ā€œNo, querido MartĆ­n. Quedate tranquilo. Seguramente la podremos hacer en otro momento. No hay ningĆŗn problema. Gracias por avisar. Te mando un abrazo.ā€

Así terminó la conversación con Martín. Y de repente, de una manera providencial, Lucas se encontró con una rotonda, y la posibilidad de hacer un cambio de planes. Y cuando menos se dio cuenta, estaba rumbo al estadio para ver el partido del que todos hablarían.

Era casi la hora del juego cuando Lucas llegó al estadio. El trÔnsito estaba súper lento, y la ilusión de ver el arranque del partido se desvanecía. Intentó llamar al celular de su amigo Juan García, para avisarle que finalmente había ido al partido, pero lo atendía directamente el correo de voz.

Sin poder recordar cuÔndo fue la última vez que había ido a ver un partido, Lucas le dio al guardia el pase de estacionamiento que venía con su ticket.

ā€œEsto es para el sector Premium, seƱor. Doble a la derecha aquĆ­ e ingrese por aquella puerta. Que disfrute la noche.ā€

Lucas dobló a la derecha, ingresó por la puerta que le indicaron, y de repente el trÔnsito desapareció. Iba por un carril despejado y en dos minutos estaba literalmente en el ingreso del estadio. Ver el comienzo del partido era nuevamente una posibilidad. Otro empleado del estacionamiento le hizo señas para parar, y le dijo:

ā€œBuenas noches seƱor. Bienvenido al estadio Mario Alberto Kempes. Con gusto estacionarĆ© su auto. Por favor conserve el ticket y le traeremos su auto a este lugar cuando termine el partido.ā€

-ā€œMuchas gracias seƱorā€ – contestó Lucas, desacostumbrado a tan buena atención. ā€œĀæDónde puedo ubicar mi asiento?ā€

-ā€œIngrese por esa puerta. Sólo muĆ©strele a la seƱorita su ticket, y ella lo llevarĆ” hasta su asiento.ā€

Sin saber si estaba soƱando despierto, Lucas se dirigió a la puerta que decĆ­a ā€œAcceso Restringidoā€, y le mostró el ticket a una seƱorita, quien luego de darle la bienvenida lo guio a cruzar varias puertas hasta ingresar al estadio, y avanzar hasta la primera fila, la que estaba mĆ”s cerca del campo de juego, donde sólo habĆ­a dos lugares libres.

ā€œĀæLe puedo traer algo mĆ”s, seƱor?ā€

-ā€œĀæHay mĆ”s?ā€ – respondió Lucas sin pensar.

-ā€œDisfrute el juegoā€ – dijo ella. ā€œSi quiere algo, un mozo traerĆ” su orden.ā€

-ā€œUn mozo traerĆ” mi ordenā€ – repitió Lucas en voz baja. ā€œY pensar que estuve a punto de perderme todo esto…ā€

Entonces un señor muy bien vestido, llegó hasta donde estaba Lucas, y se sentó en el único asiento libre que quedaba, justo a su lado. Con un acento extranjero le dijo:

ā€œBuenas nochesā€

-A lo que Lucas le repondió: ā€œLo lamento, me parece que usted se confundió de lugar. Ese asiento es de un amigo mĆ­o.ā€

-ā€œĀæCómo se llama su amigo?ā€ – le preguntó el seƱor bien vestido.

-ā€œMi amigo se llama Juanā€.

-ā€œAh… sĆ­, Juan GarcĆ­a. Entonces estoy en el lugar correcto. Este es el asiento que me dijo Juanā€

-ā€œĀæNos conocemos?ā€ – le preguntó Lucas al seƱor del traje.

-ā€œMi nombre es Nasser. Y tambiĆ©n soy amigo de Juan. Ɖl me dijo que estarĆ­a aquĆ­. Y usted debe ser Lucas. ĀæCorrecto?ā€

-ā€œSĆ­, ese es mi nombre.ā€

-ā€œYa que vamos a mirar el juego juntos, mejor si nos vamos conociendo. ĀæA quĆ© se dedica Lucas?ā€

-ā€œBueno, yo soy Pastor de una iglesia en el centro de la ciudad.ā€

-ā€œĀæUn Pastor? Creo que Juan mencionó eso. Aunque no me ha mandado un Pastor antes. Esto puede ser interesante… ĀæLe gustarĆ­a una cerveza? Oh, por supuesto que usted no toma cerveza. ĀæQuĆ© le parece una gaseosa?ā€

Nasser levantó uno de sus dedos, y al instante apareció un mozo para recibir su orden. Lucas estaba impresionado por la atención tan rÔpida.

ā€œĀæA quĆ© se dedica Nasser?ā€ – finalmente preguntó Lucas.

-ā€œOh, un poco de esto, un poco de aquello. Pero me gusta mucho el fĆŗtbol, es mi deporte favorito.ā€

Lucas no podía evitar pensar cuÔl sería la profesión de Nasser, y por qué Juan, su amigo en común, los había hecho sentar juntos esa noche. Entonces, regresó el mozo con la orden y dijo:

ā€œAquĆ­ tiene, seƱor Al-Khelaifi. ĀæPuedo traerle algo mĆ”s?ā€

-ā€œNo por ahora, Luis. Cualquier cosa te aviso. Graciasā€

-ā€œĀæNasser Al-Khelaif?ā€- pensó Lucas. ā€œSĆ© que escuchĆ© ese nombre antes, Āæpero dónde?ā€

Hasta que se acordó:

ā€œĀ”Usted es Nasser Al-Khelaif!ā€ – dijo Lucas. ā€œEl dueƱo del Paris Saint Germainā€.

-ā€œBueno… yo dirĆ­a que soy el accionista principal. Pero sĆ­, es verdad.ā€

De repente, todo cobró sentido. El estacionamiento, el acceso restringido, los asientos cerca del campo de juego, el servicio rÔpido, y Juan insistiéndole que fuera al partido.

Pero, ¿por qué? Juan era un buen amigo, pero tenía que haber algo mÔs en todo esto.

ā€œDiscĆŗlpeme, seƱor Al-Khelaifā€

-ā€œLlĆ”meme Nasserā€ – repondió con un acento Ć”rabe.

-ā€œMuy bien, Nasser. Usted dijo que Juan nunca le habĆ­a enviado un Pastor antes. ĀæQuĆ© quiso decir?ā€

-ā€œBueno… tengo pasión por crear organizaciones ganadoras. Lo he hecho en los negocios durante aƱos. Por eso comprĆ© este equipo de fĆŗtbol. Disfruto ver a un grupo de personas trabajando juntos hacia una visión comĆŗn, y he tenido algo de Ć©xito haciĆ©ndolo realidad.ā€

-ā€œAh… ĀæY todo eso quĆ© tiene que ver con que yo estĆ© aquĆ­, sentado a su lado?ā€

-ā€œBueno, de vez en cuando Juan me trae un lĆ­der joven quien Ć©l cree que podrĆ­a ganar algo de mi experiencia. Me gusta encontrarme con ellos y descubrir quĆ© estĆ” pasando, para ver si los puedo ayudar. Parece que Juan piensa que tengo algo que ofrecerle.ā€

-ā€œUna donación para la compra del nuevo predioā€ – pensó Lucas de inmediato. Pero antes de hablar de dinero, continuó con la conversación: ā€œĀæAsĆ­ que soy el primer Pastor que Juan le trae?ā€

-ā€œNo parece muy seguro de que nuestro tiempo juntos le vaya a ser Ćŗtil, Lucas.ā€

-ā€œNo es eso… es sólo que no estoy seguro de que usted sepa cómo es liderar una iglesia.ā€

-ā€œĀæPor quĆ© no me cuenta algo de su iglesia, Lucas?ā€

Así que Lucas le contó rÔpidamente algo de la iglesia Nueva Vida. Habló de los años de crecimiento, la variedad de ministerios, y los múltiples programas que estaban llevando adelante. La historia sonaba demasiado buena para ser realidad. Obviamente Juan pensó que había cosas para mejorar, pero Lucas no estaba dispuesto a contÔrselas a Nasser. Después de todo, por qué debería compartir sus conflictos y desafíos con un hombre que apenas conocía. Y que obviamente no tenía idea de cómo liderar una iglesia.

ā€œSuena como una gran iglesia, Lucas. No puedo imaginarme por quĆ© Juan querĆ­a que nos encontremos.ā€ – dijo Nasser. ā€œMejor nos preparamos para disfrutar el partido.ā€

Entonces por los altoparlantes anunciaron que estaban por ingresar los jugadores a la cancha. Uno a uno fueron entrando Messi, Neymar, MbappƩ y el resto de las estrellas del PSG, ovacionadas por el estadio puesto de pie. De repente, el Ɣrbitro principal toma la pelota y se dirige hacia el costado de la cancha, justo donde estaban sentados Lucas y su nuevo amigo Nasser.

ā€œPor favor, Lucas. Le pido que tome la pelota, ingrese a la cancha, y patee un penal al arquero Gianluigi Donnarumma.ā€

-ā€œĀ”QuĆ©! ĀæMe estĆ” pidiendo que entre a la cancha para patear un penal a un arquero que mido como 2 metros?

-ā€œConsidĆ©relo un privilegio de dueƱo. Pero sĆ­, eso quiero. Ah, una cosa mĆ”s, Lucas: quiero que haga un gol.ā€

Antes que Lucas tuviera tiempo para pensar, su imagen estaba saliendo por las pantallas del estadio, y su nombre escrito debajo. HabĆ­an pasado muchos aƱos desde que Lucas habĆ­a jugado al fĆŗtbol por Ćŗltima vez. Y de repente se encontraba en el punto de penal, con uno de los mejores arqueros del mundo cuidando el arco, y todo el estadio gritando su nombre. Con las piernas temblando, Lucas ubicó la pelota en su sitio, tomó distancia, corrió unos pasos y pateó un penal que se clavó en el Ć”ngulo superior derecho del arco, inatajable para el arquero del PSG. La multitud gritó el gol como si lo hubiera hecho Messi. AsĆ­ que luego de sacarse una foto con el equipo visitante, y que le regalaran una camiseta del ā€œdiezā€, Lucas volvió a su asiento para ver el inicio del partido.

ā€œNada malā€ – le dijo Nasser. ā€œNo estaba seguro si podĆ­a pegarle a esa pelota, pero logró hacer un gol. Ā”Felicitaciones!ā€

-ā€œĀæCuĆ”l era su objetivo cuando ingresó a la cancha?ā€ – le preguntó Nasser.

-ā€œBueno, aparte de no caerme y hacer el ridĆ­culo, supongo que era hacer un gol.ā€

-ā€œĀæPor quĆ©?ā€

-ā€œPorque usted me lo pidió.ā€

-ā€œY lo hizo, Āæno?ā€

-ā€œAsĆ­ es.ā€

-ā€œĀæCómo se siente?ā€

-ā€œBien… bastante bien.ā€ – dijo Lucas.

-ā€œY sí… a la gente le encanta ganarā€ – respondió Nasser.

Mientras Lucas trataba de entender hacia dónde iba la conversación, Nasser le hizo otra pregunta:

ā€œĀæCuĆ”ndo fue la Ćŗltima vez que dejó una misa o una reunión en la iglesia, sintiendo lo mismo que sintió reciĆ©n cuando hizo el gol?ā€

Lucas no sabía qué responder. Sabía que no había comparación entre el ministerio en la iglesia y un partido de fútbol. Sabía que en el servicio a Dios había experimentado momentos de mayor gozo y plenitud que simplemente haciendo un gol. Pero también sabía que hacía mucho tiempo que no experimentaba esas sensaciones en el ministerio. Así que, sin poder responderle, Nasser continuó la conversación:

ā€œEstĆ” bien, Lucas. SĆ© que es una pregunta incómoda, pero funciona siempre. El problema es que ahora usted estĆ” pensando que no es un ganador, pero ese no es en realidad su problema.ā€

Confundido pero curioso, Lucas preguntó:

ā€œEntonces, ĀæcuĆ”l es mi problema?ā€

-ā€œCuando fue al punto de penal, fue a hacer un gol, Āæcorrecto?ā€

-ā€œSĆ­, correcto.ā€

-ā€œUsted sabĆ­a que para ganar un partido hay que hacer goles. Su problema es que no siempre sabe cómo hacer goles en la iglesia, Āæno?ā€

-ā€œBuenoā€¦ā€ – contestó Lucas lentamente.- ā€œHacer goles en la iglesia son un montón de cosas. Es una buena reunión el domingo, y una buena reunión de jóvenes el sĆ”bado. Es tener un buen programa para los niƱos. Son misiones, y la alabanza… y un montó de cosas que son un poco mĆ”s complicadas que pegarle a una pelota.ā€

Nasser podía ver la frustración de Lucas en aumento.

ā€œTiene razón, el Ć©xito en la iglesia es mĆ”s complicado, asĆ­ que saber cómo luce el Ć©xito es lo mĆ”s importante. ĀæQuĆ© ve allĆ” arriba a la derecha, justo al lado del cartel con el nombre del estadio?

-ā€œEl tablero de puntuación.ā€

-ā€œCorrecto. Sólo hay ceros allĆ­ justo ahora, pero ĀæquĆ© va a suceder cada vez que nuestro equipo haga cruzar la pelota por el arco del equipo contrario?ā€

-ā€œHaremos un golā€.

-ā€œExacto. Y la anotación irĆ” al tablero. Y estaremos ganando el partido, y toda esta gente gritarĆ” de alegrĆ­a.ā€

-ā€œPero no tenemos un tablero en la iglesiaā€ – respondió rĆ”pidamente Lucas, procurando encontrar una aplicación a la charla.

-ā€œTodavĆ­a noā€ – contestó Nasser. ā€œPero usted y sus lĆ­deres necesitan saber cuĆ”ndo van ganando, y los miembros de la iglesia necesitan saber cuĆ”ndo gritar y festejar. Ese es el primer paso: Clarificar el Objetivo. No hay un jugador en esta cancha que no lo tenga claro, o estĆ© confundido en cuanto al objetivo. Existe la posibilidad de que no lo alcancen, pero saben bien cuĆ”l es. Si se le entrega a gente buena un objetivo claro, entonces la mayor parte del tiempo trabajarĆ”n mucho para lograrlo. Pero si el objetivo no es claro, estarĆ”n obligados a adivinar, o peor, a decidir por sĆ­ mismos quĆ© es realmente un objetivo.ā€

Ante la mirada asombrada de Lucas, Nasser continuó diciendo:

ā€œCon o sin objetivo, ellos van a trabajar duro para llegar a algĆŗn lado. AhĆ­ estĆ” el sentido de ser lĆ­der… guiar a las demĆ”s personas. La pregunta es: ĀæEstĆ”n yendo ellos hacia donde usted quiere que vayan?

Al instante Lucas se acordó de Mario Ortigoza. Mario era lĆ­der, y lo estaba guiando a Lucas directo a un empleo no deseado como director de una escuela de oficios. Pero esta posible ā€œdistracciónā€ no era culpa de Mario, sino que Lucas no le habĆ­a aclarado hacia dónde estaban avanzando como iglesia.

Lucas tenía que admitir que era difícil decir cuÔndo las cosas andaban bien en la iglesia. Programas múltiples significaban problemas múltiples, y se necesitaban soluciones. Y las cosas se complicaban aún mÔs, cuando la solución a un programa causaba mÔs problemas en los otros.

ā€œEntonces, ĀæCómo se hace?ā€ – preguntó Lucas. ā€œĀæCómo se clarifica la victoria?ā€

-ā€œPregĆŗntese a usted mismo… ĀæQuĆ© es lo mĆ”s importante? Y comenzarĆ” a estar claro. Para nuestro equipo, es ganar partidos. Seguro, estoy aquĆ­ como empresario para ganar dinero, pero la manera mĆ”s fĆ”cil para obtenerlo en el fĆŗtbol es ganando partidos. AsĆ­ que, ĀæQuĆ© es lo mĆ”s importante para usted, Lucas?ā€

Nasser pensó que serĆ­a un buen momento para respirar profundo y comer algo. Levantó nuevamente un dedo y con sólo mirar hacia atrĆ”s, apareció de nuevo el mozo al cual le ordenó: ā€œlo de siempreā€, para su invitado y para Ć©l. Los dos hombres se sentaron y miraron cómo los equipos tomaban posiciones en la cancha y comenzó el juego.

ā€œVidas cambiadasā€ – dijo Lucas finalmente.

-ā€œĀæQuĆ© dijo, Lucas?ā€

-ā€œMe preguntó cuĆ”l era nuestro objetivo. Es una vida que ha sido cambiada por el Evangelio… ese es nuestro objetivo.ā€

-ā€œBien, ahĆ­ va, Lucas. Por lo que me dijo, las cosas van bastante bien en su iglesia. Si le parece, disfrutemos ahora del partido.ā€

Lucas miró hacia la cancha pensativo, y se dio cuenta que no disfrutarĆ­a solamente de un partido. Por supuesto que un cambio de vida era el objetivo. Ɖl habĆ­a sido llamado para hacer discĆ­pulos de Jesucristo. Eso no era nuevo para Lucas. Pero empezaron a aparecer mĆ”s preguntas en su mente, asĆ­ que continuó:

ā€œUsted dijo que clarificar el objetivo era el primer paso. Pero… ĀæCuĆ”ntos pasos hay?ā€

-ā€œSieteā€ – dijo Nasser, mientras miraba el partido. ā€œPero no son pasos, sino prĆ”cticas.ā€

-ā€œĀæSiete prĆ”cticas?ā€ – preguntó Lucas.

-ā€œSiete prĆ”cticas efectivas del liderazgo. Las he visto funcionar en una variedad de situaciones. Y aparentemente nuestro amigo Juan piensa que pueden ayudar en su iglesia tambiĆ©n. Pero como dije, no hay problema si solamente quiere ver el partido y disfrutar la noche.ā€

Pero Lucas respondió: ā€œSi la primera prĆ”ctica es clarificar el objetivo, ĀæCuĆ”l es la segunda?…ā€ (esta historia continĆŗa en el próximo capĆ­tulo).

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