Hace dos mil aƱos, un hombre al que hoy conocemos como el apóstol Pablo, viajó alrededor del MediterrĆ”neo fundando Iglesias. Cuando estaba en Atenas, la cuna del conocimiento de aquĆ©l entonces, compartió un tiempo con un grupo de filósofos quienes se reunĆan con frecuencia para debatir nuevas ideas. Estaban buscando una cosmovisión para comprender el mundo entero. Superaban en conocimiento a la mayorĆa de las personas, pero no dejaban de buscar algo superior a ellos mismos, que pudiera darles las respuestas a todas sus preguntas. Como la mayorĆa de las naciones de la Ć©poca, ellos creĆan en una multitud de dioses. Pero reconocĆan tener ciertas lagunas en su conocimiento. Incluso construyeron un altar para el āDios no conocidoā, para que si en algĆŗn momento llegaba, ellos estuvieran listos para recibirle.
Pablo vio en este altar la oportunidad de presentarle a sus nuevos amigos el mensaje central del cristianismo. No podĆa comenzar su presentación con La Biblia, porque aĆŗn no se habĆa escrito el Nuevo Testamento (y ninguno de los cuatro Evangelios). Pablo les hizo ver que la curiosidad sobre la persona de Dios es universal, y que todo ser humano tiene en su interior un deseo insaciable por conocer a su Creador.
También les explicó cómo Dios realmente desea ser encontrado, y cómo vino a este mundo en forma de hombre. Este Dios hecho hombre vino a enseñarnos cómo es el Padre Celestial, y a reconciliar a la humanidad consigo mismo (Hechos 17:16-34).
No fue un mensaje fĆ”cil de recibir para la audiencia escĆ©ptica de Atenas. Ellos nunca habĆan oĆdo hablar de JesĆŗs. La noción de un solo Dios era de por sĆ bastante revolucionaria. Y la idea de que este Dios hubiese tomado forma de hombre, estaba fuera del marco de la imaginación de los que estaban escuchando al apóstol. Pero algo era cierto: Pablo no les pidió creer en un libro, ni hacerse miembros de una religión. Pablo los estaba desafiando a poner su fe en una persona. Les dejó una pregunta que todo autĆ©ntico explorador de la fe tarde o temprano debe hacerse. Esta pregunta sirve como punto de partida de la fe cristiana. La pregunta es:
¿Quién es Jesús?
Ese nombre tan nuevo para los atenienses de ese entonces, es bien conocido para nosotros en la actualidad. JesĆŗs es la figura central de la fe cristiana. Diversas religiones proponen a JesĆŗs como la base de su sistema de creencias. Pero la influencia de JesĆŗs va mĆ”s allĆ” de la religión. Es difĆcil encontrar una persona en el mundo quien no respete a JesĆŗs. Sus enseƱanzas han moldeado la conciencia de las naciones. Este carpintero judĆo, quien nunca escribió un libro, quien nunca levantó un ejĆ©rcito y quien fue una figura pĆŗblica por menos de cuatro aƱos antes de ser crucificado por el imperio romano, sigue siendo objeto de interminables conversaciones, debates, libros y pelĆculas.
No fue la visión de JesĆŗs, ni sus enseƱanzas, o incluso los acontecimientos alrededor de su muerte lo que hizo su nombre tan famoso, y que su influencia haya llegado hasta nuestros dĆas. De hecho, Pablo ni siquiera mencionó las enseƱanzas de JesĆŗs a los atenienses. La razón por la cual hombres y mujeres como el apóstol corrieron riesgos y hasta estuvieron dispuestos a sacrificar sus vidas por JesĆŗs, no fueron impulsadas sólo por sus enseƱanzas en vida, sino principalmente por los hechos despuĆ©s de su muerte. Tres dĆas despuĆ©s de ser crucificado y sepultado, JesĆŗs resucitó y estĆ” vivo.
Fue precisamente el encuentro de Pablo con ese JesĆŗs resucitado, cuando todavĆa se llamaba Saulo de Tarso (y perseguĆa a los cristianos), que cambio su vida para siempre. Y pasó el resto de sus dĆas contĆ”ndoselo al mundo entero.
La fe tienen un punto de partida. Y el punto de partida de la fe cristiana es una pregunta: ¿Quién es Jesús?
Por eso en este punto, deberĆas hacerte la misma pregunta que ese dĆa se hicieron los atenienses:
¿Quién es Jesús para m�
"Cuando los allĆ presentes oyeron hablar de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decĆan: Ā«Ya te oiremos hablar de esto en otra ocasión.Ā» pero algunos creyeron y se unieron a Pablo." Hechos 17.32ā34
Vemos aquĆ 3 grupos de personas:
- Se burlaron.
- Lo siguieron pensando.
- Creyeron.
Estos mismos 3 grupos persisten en la actualidad.
- Esperamos que no seas de los que se burlan. Muchos de nosotros en otro tiempo nos burlĆ”bamos de los cristianos y de la Iglesia, pero un dĆa tuvimos que arrepentirnos de las cosas que hicimos y dijimos en contra de las personas que creen en JesĆŗs.
- Si lo has venido pensando⦠hoy tenés la oportunidad de empezar a creer. Hoy puede ser tu Punto de Partida en la fe.
- Y si ya creĆste en JesĆŗs, queremos ayudarte a que estĆ©s mĆ”s seguro que nunca de cuĆ”l es el fundamento de tu fe, y dónde comienza todo. No es un libro, ni una religión. Es una persona, y se llama JESUCRISTO.
Preguntas:
- ¿En cuÔl de estos 3 grupos has estado hasta hoy?
- ĀæEn cuĆ”l de estos grupos te gustarĆa estar de aquĆ en mĆ”s?
Si estĆ”s dispuesto a creer en JesĆŗs (o renovar tu fe en Ćl), te invitamos a hacerlo repitiendo la siguiente oración de todo corazón:
Amado Dios:
Reconozco que soy un pecador, y que he estado alejado de Ti.
Me arrepiento de todos mis pecados. Por eso renuncio a todo aquello que no te agrada, y que tanto daƱo me ha ocasionado a mĆ, y a las personas que mĆ”s amo.
Hoy creo en Jesucristo y en la obra que hizo en la cruz por mĆ. Yo creo que pagó el precio por mis pecados. Por eso te entrego mi vida, para que seas mi SeƱor y Salvador.
Te doy gracias por el regalo de la vida eterna, y te pido que me ayudes de ahora en adelante a vivir plenamente, haciendo los cambios que necesito hacer, para cumplir el propósito para el cual me has creado.
Te abro las puertas de mi corazón, y te invito para que por medio de tu EspĆritu Santo entres a mi vida, y hagas todas las cosas nuevas.Te lo pido todo en el nombre de JesĆŗs. Ā”AmĆ©n!
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