Lección 5, Tema 1

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Los cristianos somos llamados a ser semejantes a Cristo. Jesús es el modelo por excelencia de una humanidad plenamente humana. Cuanto más fielmente le imitemos, más seremos semejantes a Él. Jesús es EMANUEL, que significa Dios con nosotros, es 100% Dios. Pero también nació del vientre de la virgen María, engendrado por el Espíritu Santo, 100% hombre.

En Lucas 3:21 al 4:13, el evangelista nos presenta a Jesús como modelo a través de experiencias humanas que nosotros como cristianos debemos imitar.

EL BAUTISMO

Un día en que todos acudían a Juan para que los bautizara, Jesús fue bautizado también. (Lucas 3:21a NVI)

El bautismo de Jesús fue único. De hecho, Juan no quería bautizarlo porque su bautismo era “de arrepentimiento para el perdón de los pecados”, y el reconocía a Jesús como el Mesías prometido, era Dios sin pecado. Pero Él le respondió: “Dejémoslo así por ahora, pues nos conviene cumplir con lo que es justo” (Mateo 3:15).

Cuando dice “justo”, se estaba identificando con la humanidad pecadora, incluso asumiendo pecados que Él no había cometido. Para nosotros el bautismo es señal de conversión, donde el creyente se identifica con la obra salvadora de Cristo y con la iglesia que es su Cuerpo.

Por lo tanto, Jesús en el bautismo se identificó con nosotros que somos pecadores, y nosotros al bautizarnos nos identificamos con Él, muriendo a nuestra vida de pecado y vivir para Él. Esto quiere decir que aceptamos el Señorío de Cristo y estamos dispuestos a obedecerlo en todo.

Los creyentes que son bautizados deben entender que asumen un compromiso con Cristo y su Iglesia. Así que es mucho más que un paso de obediencia.

LA ORACIÓN

Y mientras oraba, se abrió el cielo. (Lucas 3:21 b NVI)

La expresión “se abrió el cielo” indica que lo natural de repente fue invadido de lo sobrenatural. Y esto paso mientras Jesús oraba. Así que lo más importante de esta escena es la relación que Jesús tenía con el Padre en oración.

La oración y el Espíritu Santo constituyen el aspecto humano y divino de la relación de Jesús con el Padre. Si el Hijo de Dios sin pecado sintió la necesidad de orar sin cesar, ¡Cuánto más nosotros! El mediador en esta comunicación debe ser el Espíritu Santo.

La oración es una conversación con Dios, una charla amorosa entre Padre e hijo. Cuando entendemos esto, entonces seremos capaces de ver cielos abiertos sobre nosotros. ¿Cuándo oramos, experimentamos cielos abiertos?

Pidamosle al Espíritu Santo que nos enseñe a orar según su voluntad. Dejemos espacios y silencios para que Él pueda abrir el cielo y darnos a conocer su voluntad a través del Espíritu Santo y también permite que te de lenguas celestiales para orar como conviene.

LA UNCIÓN

y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma de paloma. (Lucas 3:22 a NVI)

La unción es la pasión intensa del Espíritu Santo en la vida del creyente para que pueda cumplir su misión, es la llenura del Espíritu. Esta experiencia fue común a Jesús y sus discípulos.

La unción de Jesús fue única, porque Él es Hijo de Dios por derecho propio, mientras que nosotros somos hijos adoptivos. La unción de Jesús fue un anticipo de la que todo creyente necesita para servir en su Reino. Es por esto que la unción no es un privilegio ni un premio, sino un mandamiento apostólico que debemos obedecer si queremos servir al Señor con poder espiritual.

Debemos entender que la unción es el Espíritu Santo; no es aire, ni aceite, ni agua, ni vino u otra cosa, sino una persona. Una cosa es tenerlo y otra muy diferente es que el Espíritu nos tenga a nosotros.

LA VOZ CELESTIAL

Entonces se oyó una voz que desde el cielo decía: «Tú eres mi Hijo amado; estoy muy complacido contigo». (Lucas 3:22 b NVI)

Una voz del cielo resonó, esta fue la aprobación del Padre.

¿Qué significo para Jesús oír la voz de Dios? Fue la confirmación de su misión, ser el Rey ungido y Siervo sufriente, enviado para establecer el Reino de Dios.

¿Qué significa para nosotros oír la voz de Dios? Es recordar el mandato de complacer al Padre en todo, especialmente en el cumplimiento de nuestra misión: “ser luz para las naciones, abrir los ojos de los ciegos, librar de la cárcel a los presos, y del calabozo a los que habitan en tinieblas” (Isaías 42:6-7)

Él nos anima diciendonos una y otra vez: “Tu eres mi hijo/a amado/a”. Que Él abra nuestros oídos para oír su voz animándonos y orientándonos en el camino que debemos andar.

EL AYUNO

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto. Allí estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo. No comió nada durante esos días, pasados los cuales tuvo hambre. (Lucas 4:1-2 NVI)

Este pasaje nos muestra la parte humana de Jesús (tuvo hambre).

¿Que es el ayuno? Es la abstinencia total o parcial de comida, llevada a cabo como disciplina espiritual. Generalmente era una preparación para una ceremonia de iniciación o para la limpieza espiritual.

¿Por qué ayuno Jesús? El ayuno que Jesús realizo aquí no es un ayuno religioso para una preparación ceremonial ni limpieza espiritual, sino que fue un medio para facilitar la comunión con el Padre.

¿Por qué debemos ayunar nosotros? Porque es un ejercicio que ayuda a la salud espiritual y a la disciplina del cristiano, y debe ir acompañado por un sincero deseo de ordenar la vida según la voluntad de Dios, y para que podamos entrar a nuevo nivel de revelación e intimidad con el Padre.

LA TENTACIÓN

Allí estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo. (Lucas 4:2a NVI)

El diablo tentó a Jesús de Nazaret, al hijo de María y José. Porque Dios no puede ser tentado, por esos es que el ataque fue dirigido a la humanidad de Jesús.

El objetivo del diablo era enredarlo en los conflictos y ambiciones de este mundo para distraerlo de cumplir su misión redentora. El diablo nos ataca a nosotros para que nos concentremos en este mundo y no en el Reino de Dios.

Oremos para que el Espíritu Santo nos dé sabiduría y discernimiento espiritual para no caer en las trampas sutiles de diablo.

CELEBREMOS LA VICTORIA

Así que el diablo, habiendo agotado todo recurso de tentación, lo dejó hasta otra oportunidad. (Lucas 4:13 NVI)

El diablo va a agotar todo recurso de tentación para vencerte, pero si no pudo, va a buscar otra oportunidad. Así que: “Estén atentos y oren para que no cedan a la tentación” (Mateo 26:41)

El diablo no pudo vencer a Jesús, sino lo contrario, el diablo fue vencido por Jesús en el desierto, y definitivamente en la cruz.

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